Getafe-sevilla

La final lo tapa todo (1-0)

  • El Sevilla padeció más de la cuenta por la sencilla razón de que se comportó en Getafe como un equipo menor tanto individual como colectivamente. El final deja todo en anécdota

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Séptima final de la Copa de España para el Sevilla en sus 104 años de historia. El logro es importante y, no se olvide, será con Manuel Jiménez, uno de la casa, en el banquillo sevillista, pero eso ahora pertenece al reino de la anécdota, pues hay muchas más cosas que festejar para todos los que sienten la fe balompédica nervionenense. No fue fácil, ni muchísimo menos, pues el Getafe volvió a realizar un gran partido y rozó la gesta de igualar el 2-0 de la ida, pero finalmente los goles de Nervión sirvieron para que el Sevilla vuelva a estar en una final de la Copa del Rey sólo tres años después de la que conquistó precisamente ante el equipo con el que se enfrentó ayer.

De cualquier forma, es justo reconocer que el sufrimiento existió, y grande, muy grande, para un Sevilla que no estuvo casi nunca a la altura de las circunstancias. Los sevillistas salieron al Coliseum getafeño con la frialdad que imperaba en la noche, sin la intensidad necesaria para un partido de estas características, ya podían darle las gracias al ser superior de que no tuvieran la eliminatoria prácticamente igualada al cuarto de hora del partido.

Porque, con independencia de las órdenes que puedan mandar desde el banquillo, desde ese Manuel Jiménez que parece poco menos que el demonio para muchos, este deporte lo desarrollan once futbolistas sobre un terreno de juego y a las actuaciones individuales de muchos de los que ayer vestían de blanco cabe situarle muchos peros. No es cuestión de ocultar nombres y sí hay que destacar que hombres como Fernando Navarro, Perotti, el mismo Zokora parecían absolutamente acongojados, incapaces de superar la presión. Por ejemplo, los dos futbolistas que partieron por la banda izquierda deberían repasar el vídeo del encuentro para comprobar cuántas veces se resbalaron a lo largo del encuentro. ¿Un problema con los tacos de las botas?, ¿simple temblor de las piernas?… La respuesta les pertenece a ellos.

Pero tampoco sería justo centrarlo todo en esas individualidades, pues también el planteamiento colectivo ordenado por Manuel Jiménez condujo a que el Sevilla se fuera empequeñeciendo poco a poco. Está bien que el equipo afrontara la cita con tres centrocampistas, con Renato incrustado entre Zokora y Romaric o en uno de sus costados, pero menos comprensible era un marcaje al hombre en el centro del campo. Porque cada cual tenía su par. Uno se encargaba de Boateng, otro de Casquero y Zokora era quien debía estar pendiente de Parejo cuando éste bajara a recibir.

El resultado fue la desconexión absoluta de un Luis Fabiano que le pedía a gritos a sus compañeros que se adelantaran una decena de metros para que alguna de sus carreras para presionar a los dos centrales no fuera en balde. Pero ni siquiera semejante planteamiento defensivo, sí defensivo, evitó que el Getafe creara no menos de tres ocasiones claras de gol en el primer cuarto de hora. Suerte que Palop, que comenzó el partido despistado en el saque de centro, fue más San Palop que nunca.

En el minuto 17, por fin, salió Jesús Navas, de los únicos que no parecían sobrepasados por las circunstancias y Perotti a punto estuvo de sentenciarlo todo. Pero no, en absoluto, el padecimiento se iba a prolongar hasta el final. Porque el Getafe siguió jugando con varios puntos de intensidad más que el Sevilla y los balones le pertenecían siempre a los azules.

Cabía esperar una reacción tras el intermedio, alguna regañina de Jiménez cuando bajó al vestuario desde la grada, pero la testiculina quedaba sólo para el entrenador. En el equipo sólo cambiaba Jesús Navas de banda, poco más, y, claro, el Getafe tenía que marcar alguna vez. Lo hizo cuando varios sevillistas se empeñaron en despejar mal y Soldado desvió con la testa un centro de Mané. Más sufrimiento aún.

Por suerte para el Sevilla, el Getafe se fue quedando sin gas poco a poco y hubo un momento en lo que parecía más lógico hubiera sido el empate por la cantidad de visitantes que salían con ventaja en las contras ante un rival que ya no tenía rubor en jugar al suicidio. Pero faltó acierto entonces y el último susto estaba aún por llegar. Menos mal que Palop tuvo reflejos en el disparo de Boateng... Cierto que el método no fue muy elogiable, pero el fin lo justifica todo, ayer más que nunca. El Sevilla, con Jiménez como entrenador, sí con Jiménez, jugará su séptima final de Copa y eso ya no lo puede alterar nadie.

Ficha técnica:

1.- Getafe: Ustari; Miguel Torres (Cortés, min.46), Cata Díaz, Rafa (Miku, min.83), Mané; Boateng, Casquero; Pedro León, Parejo (Albín, min. 71) Manu del Moral; Soldado.

0.- Sevilla: Palop; Adriano, Escudé, Juan Cala, Fernando Navarro; Zokora, Romaric (Duscher, min. 60); Jesús Navas, Renato, Perotti (Fazio, min. 90); Luis Fabiano (Kanouté, min. 79).

Gol: 1-0, min. 52: Soldado.

Árbitro: Iturralde González, del Comité Vasco. Mostró cartulina amarilla a Palop (min.20), Fernando Navarro (min.38), Romaric (min. 60) y Renato (min,78), por parte visitante. Amonestó a Boateng (min. 25) y a Soldado (min. 64), Mané (min. 67) por parte local. Expulsó con roja directa al entrenador del Sevilla, Manolo Jiménez (min. 25)

Incidencias: Partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey disputado en el Coliseum Alfonso Péreza ante cerca de 13.000 espectadores. Vicente del Bosque, seleccionador nacional, presenció el encuentro desde el palco.

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