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Tan final como las otras

  • Básico El Sevilla debe confirmar su teórica superioridad ante el Sporting de Braga para que las cuentas le salgan Dificultad El subcampeón portugués será un rival mucho más exigente de lo que se vaticina

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Examen complicado para el Sevilla en este mes de agosto tan cargado de este tipo de compromisos. El conjunto de Antonio Álvarez rinde visita al Sporting de Braga, casi en la frontera gallega entre Portugal y España, en el choque de ida de esta eliminatoria que tiene un premio valorado en muchos millones de euros. No se trata, por tanto, de ninguna final en el sentido más estricto del término, pero como si lo fuera, pues el fútbol, desgraciadamente, tiene mucho más valor en la actualidad casi a la hora de cuadrar los números que en lo que tiene referencia al sentimiento de los títulos, de esos trofeos que quedan para siempre en el palmarés.

No hay más que repasar las hemerotecas más recientes para comprobarlo en boca del hombre que dirige la opinión en el Sevilla, en las disertaciones de un José María del Nido que más de una vez ha dicho que es mucho más importante para la entidad meterse cuatro años consecutivos en la Liga de Campeones que conquistar una Copa de la UEFA. La razón, está claro, se ubica en los ingresos que se registran en la caja en uno y otro torneo, porque los que acudieron a festejar aquellas dos UEFA a la Plaza de San Francisco, con el fervor de todo el sevillismo en pleno, tal vez no estarán muy de acuerdo con esa visión tan mercantilista de la situación que mana de la presidencia.

Pero las cosas son como son y es verdad que esta noche se pone mucho en juego en ese estadio de Braga que se conoce como AXA por culpa del patrocinador en otro añadido mercantilista del fútbol. El Sevilla apenas cuenta con margen de error y debe tratar de sentenciar la eliminatoria desde el primer encuentro, pues las experiencias por no haberlo hecho en los enfrentamientos ante el Fenerbahçe y el CSKA de Moscú deben servir como la mejor de las consejeras. Nada de pensar, por tanto, en que esto es una eliminatoria a doble vuelta, hasta en eso se trata de una finalísima y sería mucho mejor dejarlo todo prácticamente finiquitado, si esto fuera posible por supuesto.

Porque que nadie se llame a engaño, enfrente no estarán un grupo de pataduras, el rival tal vez no tenga el nombre de otros más ilustres, pero el año pasado estuvo peleando por el título de la liga portuguesa hasta la última jornada contra el Benfica. Y este Sporting de Braga, además, es el culpable de que la vecina Oporto, que cuenta con uno de los habituales en la Liga de Campeones, se tenga que conformar en el curso que está arrancando con la presencia en la Liga Europa.

Quiere esto decir que convendría darle el valor deportivo que presenta a este equipo entrenado por Domingos Paciencia, aquel delantero bajito y fino que fuera toda una institución en el fútbol portugués y que llegara a jugar en sus últimos años de carrera en el Tenerife. El Sporting de Braga carece de nombres rimbombantes en su plantilla, entre otras cosas porque tiene que traspasarlos cuando destacan, como el guardameta internacional Eduardo, pero reúne un buen ramillete de brasileños con calidad y experiencia en Europa. Como ya se pudo comprobar en la anterior fase previa contra el Celtic escocés, al que barrió en Braga y después contuvo en Glasgow, y el pasado viernes en su debut liguero frente al Portimonense, el Sporting cuenta con sus opciones si el Sevilla no le da a la eliminatoria toda la seriedad que ésta merece.

Claro que si eso sucede, sí se deberían ver las diferencias sobre el rectángulo de juego. Para buscar una referencia, se podría acudir a aquel enfrentamiento entre el Sevilla de Caparrós con el Nacional de Madeira en la Copa de la UEFA, en la primera eliminatoria oficial de estos siete años consecutivos con presencia de los blanquirrojos en las competiciones europeas. El Nacional, como el Braga, era un equipo cuajado de brasileños en sus filas y fue un duro rival, particularmente en la ida, donde le pusieron las cosas muy complicadas a los blancos hasta que marcó Sergio Ramos el 2-0 en el Sánchez-Pizjuán un 16 de septiembre de 2004. Después todo fue más fácil en Funchal, pero la enseñanza es que el Sevilla tuvo que emplearse a fondo.

Salvando las distancias, este Sporting de Braga tiene cierto paralelismo con aquel Nacional y será, por tanto, un rival exigente para un Sevilla que no se dejaba en la mañana de ayer a nadie de importancia en casa si se exceptúa a los lesionados. También estaba, faltaría más, un Luis Fabiano que debe ser uno más para Antonio Álvarez de no mediar una contraorden por que se reactivara el interés del Olympique de Marsella o de cualquier otro equipo de fuste de los que podrían aspirar al nueve de Brasil. Si finalmente no sucede, Luis Fabiano será uno de los escogidos y los sevillistas, los aficionados, sin duda, saldrán ganando. Porque con Luis Fabiano entre los once, es más fácil ganar en Braga o donde sea. Bueno, con Luis Fabiano, con Kanoute, con Jesús Navas, con Palop, con Escudé, con Zokora, con Renato, con Perotti y con el puñado de buenos peloteros que defienden el escudo del Sevilla en sus camisetas. Hoy les toca a ellos volver a ejercer de campeones, porque se juega una final de las de verdad.

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