Sin gol no hay sonrisas (0-0)

  • El Sevilla desaprovecha un primer tiempo de un fútbol intenso y cargado de oportunidades y es incapaz de imponerse al Espanyol. Los sevillistas no aguantaron el ritmo tras el descanso.

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Nuevo paso atrás del Sevilla de Marcelino por la sencilla razón de que es incapaz de hacer un gol ni al arco iris. El fútbol de los nervionenses, en la primera parte por supuesto, tampoco les sirvió esta vez para alcanzar su objetivo de derrotar a un Espanyol que se vio desbordado, pero que supo mantener su puerta a cero ante la impericia de los delanteros que defendían las casacas sevillistas.

No es nada nueva la situación, ya se repite más de la cuenta y todo se resume a que el Sevilla de Marcelino se ha quedado sin pegada, sin esa pegada que muchos le afeaban al equipo en otras épocas como único argumento para justificar las victorias, que entonces eran más que derrotas y, por supuesto, muchísimas más que en la actualidad. Pero el fútbol es un deporte que no entiende de méritos, que se limita a una ecuación nada algebraica y muy facilita, hay que hacer siempre un gol más que el rival, sólo eso. El problema, sin embargo, para este Sevilla es que no sólo no es capaz de hacer un gol más que el rival, es que ni siquiera es capaz de materializar la suerte suprema del fútbol a no ser que se vea en una situación desesperada, es decir, por detrás en el marcador.

El mejor argumento para estos axiomas está en el pasado más inmediato. El Sevilla no sólo fue incapaz de marcarle un gol ayer al Espanyol, a pesar de haber desarrollado un fútbol más que convincente durante el primer periodo, tampoco lo consiguió en su visita al Levante o en la ida copera ante el Valencia. Sólo lo logró cuando ya caía claramente frente al Real Madrid, cuando estuvo 2-0 en contra en su visita al Rayo Vallecano o después de que Soldado anotara el tanto que ya le ponía casi imposible la clasificación copera. O sea, que sólo es capaz de cantar goles en estos tiempos cuando se ha puesto en una situación desesperada, jamás antes.

Lógicamente, esto lo hace todo más difícil para los hombres de Marcelino, a quienes no les sirve jugar un fútbol moderno, con presión, con recuperación rápida de la pelota, con una circulación del balón bastante rauda y eficaz, con mucha participación de su extremo, esta vez en singular, pues sólo lo hizo Jesús Navas, con cambio de posiciones en las piezas para tratar de sorprender al rival... Fueron muchos conceptos que el Sevilla fue capaz de llevar a cabo durante el primer periodo de una manera notable y que no llegó al sobresaliente por su nulidad a la hora de batir a Casilla.

Fueron un puñado de oportunidades para haber decantado el partido, unas más claras que otras. Unas, delante del meta rival, como la que tuvo Cáceres en una excelente combinación que ilustra perfectamente todo lo que antes se exponía sobre los conceptos futbolísticos, o como la que se le había presentado a Negredo ya en la recta final de este primer periodo en un balón que le puso perfectamente Reyes. Pero también hubo otras ocasiones, tal vez menos diáfanas, pero que pudieron acabar con el balón en las redes de Casilla, tales como un disparo de Manu del Moral, otro de Trochowski, un paradón del guardameta al propio Manu del Moral, una pelota empalmada por Reyes u otro mal control de Negredo en un pase más de Reyes. Se repasa el vídeo de este primer periodo y cuesta entender, la verdad, que el Sevilla no se fuera al descanso con una clara ventaja en el marcador.

Pero el fútbol es así y no hay que abjurar de la creencia resultadista cuando ésta no se impone en un partido. El Sevilla no lo hizo todo bien, ni muchísimo menos, pues estuvo absolutamente negado en la suerte principal, en meterle un gol al rival cuando pudo hacerlo y, por tanto, se quedó sin el caramelo para saborear su dulzor. Cierto que restaban cuarenta y cinco minutos por delante, pero en la reflexión de ese intermedio pocos podían creer ya en un triunfo de los blanquirrojos. Si no habían sido capaces de ponerse por delante con semejante dominio, estaba claro que todo podía ir a peor, jamás a mejor. Entre otras cosas porque era imposible que el equipo aguantara semejante ritmo después del gasto físico acumulado al partido copero frente al Valencia.

Y Marcelino, además, comenzó a colaborar para que así fuera, para que el equipo fuera a menos. De no ser por un problema físico, tiene difícil explicación que Negredo se quedara en el vestuario desde ese descanso. Demasiado pronto para prescindir del goleador cuando el partido estaba aún con cero a cero. Pero el asturiano se decidió por no esperar más, por meter a Kanoute, igual que después repetiría con los cambios de Perotti y de Rakitic en un guión semejante al del miércoles en la Copa del Rey.

Sustituciones previsibles, sin ningún retoque táctico con las piezas, y el Sevilla lo siguió intentando, aunque cada vez tenía menos aires en sus pulmones. Ya no recuperaba tan pronto y sí permitía al rival que lo asustara. Lógicamente, también disminuyeron las ocasiones. Pudo marcar en un disparo final de Reyes, que se fue alto por poco. Como pudo perder en otro tiro de Galán. Hubiera sido el colmo, aunque mientras no haya gol no habrá sonrisas para este Sevilla.

Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes HH (cántabro). Correcto, no hubo jugadas polémicas y acertó mucho más que falló.

Tarjetas: Amarillas Dídac (22'), Forlín (33'), Kanoute (75'), Verdú (76') y Álvaro Vázquez (77').

momentos clave 16' Reyes empala y el balón se va por poco. 17' Cáceres se queda solo tras un gran pase de Negredo y dispara al cuerpo de Casilla. 28' Gran parada de Casilla a Manu del Moral. 33' Oportunidad de Thievy, para Javi Varas. 40' Negredo falla un gol clarísimo en un pase de Reyes. 57' Disparo alto de Perotti con todo a favor tras un saque de banda. 89' Tiro de rosca de Reyes que sale alto por muy poco. 92' Galán remata alto un pase de Álvaro Vázquez.

Incidencias: Encuentro de la decimonovena jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán ante unos 30.000 espectadores.

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