La crónica

Más grave de lo que parece (2-1)

  • El Sevilla cae y ofrece una imagen horrorosa en Málaga para descolgarse definitivamente de sus objetivos. Con una defensa de mantequilla y sin la fuerza de Reyes, resucitó a un rival muerto.

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No vale ya todo lo anterior, eso que tenía tan ilusionado al entrenador. La mejoría que la estela de Reyes llevó a este Sevilla que no marcaba pero que se comía a los rivales en las primeras partes no apareció anoche por ningún lado y Marcelino, para qué negarlo, ve poco a poco y alarmantemente cómo se empequeñece su crédito. La caída del equipo nervionense en la clasificación es ya evidente y preocupante, como lo fueron las sensaciones que dio ante un equipo que no ganaba desde el mes de noviembre y que al ritmo de Maresca y Toulalan se bastó para someter a un rival con el que se suponía que tenía que vérselas en mayo por la Champions.

Ayer fue la defensa. Con todo el invierno suspirando por un delantero -que si Giovani, que si Reyes...- vinieron dos y en Málaga echó de menos a piezas en la defensa. No es el único argumento para explicar la dolorosa derrota en La Rosaleda, pero sí un punto que plantar también en una i.

La imagen del Sevilla fue horrorosa y si salió derrotado ante un Málaga que estaba igual de muerto o más que el cuadro de Marcelino no fue, como otras veces, por la falta de acierto ante el gol. El Sevilla, en las botas de Luna, marcó en la primera ocasión que tuvo, por cierto la única de la primera parte. El esperpento escenificado ayer por los futbolistas del Sevilla puede decirse que copó todas las líneas y todas las facetas del juego, pero si un aspecto llamaba la atención era la laxitud del sistema defensivo y, particularmente, la línea de atrás, ahí donde muy mal tiene que hacer las cosas Cala para hacerse con un puesto fijo en alguno de los tres que flaqueaban en la noche malagueña.

Con Fazio sancionado y Martín Cáceres ya en Italia, el dinero de la venta de éste es verdad que hace bastante falta y vino de maravillas a la economía del club y su descuadre presupuestario, pero esos millones ya no están en el campo, donde sí va a tener que jugar (si no lo hace el de Lebrija en ese puesto) domingo a domingo un Coke que lo pasó muy mal ante el Málaga. El ex jugador del Rayo, sustituto del uruguayo en algunos partidos, regaló a Weligton el 1-0 cuando el partido acababa de empezar y fue un flan ante la movilidad de Isco y sus apoyos con Rondón y Seba. Perder la marca y dejar rematar al contrario es un pecado que en Primera se paga y el Sevilla, muy nervioso atrás para sacar el balón, se veía con la obligación de levantar una pesada losa desde las primeras de cambio.

Porque en la defensa, si Coke daba la sensación de feble, Escudé la dejaba de lentitud en los cruces y Spahic, de suficiencia. Cuando el Sevilla había logrado empatar por medio de Luna, fue esta vez el bosnio el que dio ese paso adelante que tanto acostumbra cuando el balón le viene de frente y habilitó a Rondón en su pared con Seba.

Pero si atrás las dudas crecían en cada avance del Málaga, el equipo de Marcelino no era capaz de imponer ese ritmo tan intenso que llamó a la mejoría en los últimos partidos coincidiendo con la llegada de Reyes. Y mira que la pareja de medios centro que formaban Maresca y Toulalan invitaba a circular el balón con velocidad y apretar en la presión. Lo que ocurrió es que el asturiano dejó en la caseta a Trochowski porque algo del derbi no le gustó y que el utrerano no iba a tener tampoco su día. Si apenas le llegaban balones, no tenía el aliento del alemán y encima se lesionó. Rakitic lo intentaba con gestos de mérito, pero no tiene el suizo-croata el físico del alemán o del utrerano, que, si el destino le marcaba a Marcelino que se le iban torcer las cosas en este hostil escenario para el sevillismo, veía cómo Reyes no podía jugar casi desde el comienzo del choque y tenía que retirarse lesionado antes de que se llegara al descanso. El sustituto elegido por el entrenador, el recién llegado Babá, condicionó la reestructuración de un equipo que si había ensayado algo durante la semana se varió de un plumazo con la entrada de otro nueve puro que se sumaba al aislamiento que sufría Negredo.

El Sevilla fue un dolor casi toda la segunda mitad. Inconexo, con Medel no dando abasto y la defensa sufriendo muchísimo. Sólo al final, desde la expulsión de Isco, que debió ver la roja directa y no la segunda amarilla, los ayer de rojo rozaron el empate, pero era tarde y, sin suerte, se iban a encontrar también como ante el Rayo con un gol dudosamente anulado. Eso también preocupa, pero no está en su mano solucionarlo. Lo otro sí, aunque lo que le pasa al Sevilla puede ser más grave de lo que parece.

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