De la ilusión de verano a las duras críticas de invierno

  • Del Nido y Monchi afrontan uno de los momentos de más desencanto con su gestión

El 27 de julio del pasado año, Marcelino recibía un baño de masas en el Ramón Sánchez-Pizjuán, con motivo de la presentación de las nuevas camisetas de Li Ning. José María del Nido estaba ilusionadísimo con la contratación de un entrenador que levantó una gran expectación entre la afición. Miles de sevillistas vibraron en un acto en el que participaron los flamantes fichajes de verano, que sirvieron de modelos para las nuevas equipaciones: Trochowski, Manu del Moral, Spahic y Coke. Y el sevillismo, afeando el desplante de Marcelo Bielsa, se volcó cuando apareció en el césped el hombre al que se había encargado el mando del nuevo proyecto: Marcelino García Toral. Medio año después los principales rectores del club afrontan uno de los peores momentos por el fracaso de su elección y la afición es más crítica que nunca con su gestión.

La evidencia de los vaivenes en la planificación están en las tres destituciones de técnicos en menos de dos años, una realidad de la que siempre rehuyó Del Nido y que se abrió con la de Jiménez en abril de 2010, previa a la de Álvarez en septiembre de ese año. Manzano no fue renovado.

Sería oportunista decir ahora que el mal al que no ha sobrevivido Marcelino ha sido que llegó como segunda opción, después de que Bielsa descartara al Sevilla. Sin embargo, sí habría que abundar en el error de contratar a un entrenador cuyos criterios tácticos eran tan dispares a los del argentino.

Siempre quedará la duda sobre si la planificación realizada en verano estaba más encauzada para casarla con la forma de ver el fútbol del técnico argentino. Por ejemplo, las salidas de Luis Fabiano y de Rodri dejaban por primera vez en mucho tiempo a la plantilla del Sevilla con dos únicos delanteros centro puros, si bien Manu del Moral estaba llamado a colaborar en las tareas goleadoras. Pero el intento hasta última hora por contratar a Giovani dejó claro que Marcelino prefería un sistema más clásico que el argentino, con dos delanteros en el campo. Su perseverancia por fichar al mexicano y el consenso en configurar una plantilla corta, de sólo 22 fichas incluidos Guarente y De Mul, con la idea de darle sitio a la cantera, ha dejado en evidencia otro error en la planificación. Y la plantilla, pese a que en invierno el Sevilla ha hecho la mayor inversión de su historia, más de 7 millones de euros con la incorporación de Reyes, Babá y Cala, sigue adoleciendo de falta de fuerza en el eje. Los problemas del centro de la zaga y la existencia de un solo medio defensivo, Medel, dan fe de ello.

En boca del propio Del Nido, él y Monchi quedaron encantados con Marcelino cuando se reunieron, durante más de seis horas, para contratarlo. Gustaron mucho su profundidad de conocimientos de la plantilla sevillista, su ilusión, la ambición que mostró por alcanzar grandes cotas -hasta el presidente hubo de corregir su perniciosa idea de asemejar su Sevilla al de Juande Ramos- y las enormes ganas de trabajar de su cuerpo técnico. Todo eso ha quedado en el olvido y la afición sevillista se pregunta cuál es la razón de la aparente improvisación en el relevo del técnico. Ni el bombazo del regreso de Reyes ha logrado acabar con esta sensación.

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