Sporting | sevilla · A ras de hierba

El 'impasse' no lo fue tanto

  • Aunque Manolo Jiménez, obligado en unos casos y pensando en lo que viene en otros, quiso dar descanso a algunos titulares, tiró de ellos ante la falta de recursos

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Un impasse liguero pensando en la Copa. Podría ser la definición de la alineación que dispuso Manolo Jiménez en El Molinón, donde el Sevilla saltó a por tres puntos, pero pensando en el duelo frente al Athletic y el derbi que está a la vista. El problema es que las rotaciones, a día de hoy, están casi prohibidas en el conjunto nervionense, no por ley, sino porque no hay nada en el banquillo capaz de hacer olvidar lo que se pierde al prescindir de hombres como Kanoute.

El francés, sin una pareja de medios centro capaz de generar juego, es el Daniel de años atrás, que en vez de crear desde el lateral derecho lo hace bajando a la línea de tres cuartos o incluso al centro del campo. Fue el arma de la que tuvo que tirar el técnico sevillista en la segunda parte para cambiar un panorama que pintaba negro. Con un hombre más cerca de una hora sobre el campo, como la semana pasada con el Racing, sólo el africano ofrecía algo distinto que no fuese balones largos y la carrera de los extremos por las bandas, eso sí, sin apoyos que sorprendiese desde atrás. Sin ayudas porque ni Crespo, que se comió el gol, ni Dragutinovic eran capaces de mirar con cierto sentido hacia delante, porque bastante tenían con tapar por detrás los contragolpes de un Sporting que corrió y corrió hasta aburrir.

El problema, sin embargo, no empieza ahí. La pareja Fazio-Duscher fue la séptima con la que el preparador arahalense prueba esta temporada. El talón de Aquiles sevillista está claramente definido, pero todavía no tiene antídoto y, posiblemente, puede que ya no se encuentre. Con Maresca en la picota, Romaric cuestionado día sí y día no, y los dos suramericanos recién salidos de sendas lesiones y con una falta de ritmo evidente, la cosa es como para preocuparse. Y es que con eso de pensar en la Copa del Rey, el regreso de Fazio a la titularidad llegó a marchas forzadas. El lunes estaba en Holanda, junto a Acosta, siendo revisado por el doctor Van Dijk, y una semana más tarde tuvo que marcarse 90 minutos de una tacada. Demasiado para el argentino, que fue de menos a más para acabar como delantero centro. Ahí murieron las opciones del Sevilla, obcecado en mandar balones desde 30 metros al argentino desde el minuto 85, cuando si por algo se caracteriza es por contar con unas bandas capaces de fabricar el gol, siempre que le lleguen los balones.

Así, tuvo que ser Kanoute el que crease todo el fútbol. Y es que la diferencia entre Chevantón y el africano es tanta que a nadie se le escapa que la clara oportunidad que tuvo el uruguayo hubiese acabado en el fondo de la portería en las botas del malí. Pero esta vez no fue el salvador de otras ocasiones. Se acerca, pero no es Dios, futbolísticamente hablando, claro. De hecho, si el Sevilla se pareció en algo al equipo aguerrido que remontó ante el Valencia fue cuando entraron el propio Kanoute y Renato en el campo. Pero no era el día de levantar otro marcador adverso. No era el día, otra vez con un jugador más durante más de una hora.

Era el día de las rotaciones, sí, pero no hasta el punto de reinventar una defensa que ya tenía por la lesión de Mosquera una baja obligada. Por ahí, precisamente, vino el tanto asturiano, en un agujero que se creaba en la derecha en el triángulo formado por Crespo, David Prieto y Capel. Al final, tres puntos se quedan en el camino, y lo peor es que hasta el miércoles no se sabrá si ha merecido la pena.

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