Una luz entre las tinieblas

  • Técnico y plantilla se agarran a la mejoría del juego ante el Valencia sobre otra frustración que pone la cita de mañana incandescente y la Liga sin margen de error · Reyes equilibra la pérdida de crédito de Marcelino.

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"Ojalá sea un punto de inflexión". Lo decía después del partido con el Valencia Marcelino y lo repetían Javi Varas y Jesús Navas para ilustrar lo que se había hablado en el vestuario. La plantilla y el cuerpo técnico del Sevilla se agarran a la mejoría del juego que, sobre todo de salida y algo al final, se puso en evidencia en la frustrante eliminación de la Copa del Rey, un hecho que deja la Liga como único desierto en el que los nervionenses deben penar a partir de ahora con la realidad de que ya no tienen margen de error. Hacía años que este equipo no se quedaba en enero sólo con la Liga y ésta es otra gran prueba de fuego que deben afrontar unos jugadores hechos a competir de miércoles a domingo. Pero esto incluso puede beneficiar a una plantilla corta en la que la irrupción de Reyes tiene que ver en esa mejoría..., siempre que no haya un terremoto mañana ante el Espanyol.

Es la luz que se atisba entre unas tinieblas que se vuelven impenetrables para un sector de la afición tendente a caer en el catastrofismo en cuanto los resultados se enconan. Y es el clavo ardiendo al que se agarran desde Marcelino hasta unos jugadores que ya fueron puestos en el punto de mira de algunos aficionados al término del partido con el Valencia. Con Reyes, el Sevilla ha sumado dos frustraciones seguidas, pero ha evidenciado que gana en dinamismo, en presión en campo del contrario, en velocidad de juego, en llegada por nuevas vías... Su irrupción equilibra el crédito que ha perdido Marcelino y que debe empezar a recobrar mañana ante el Espanyol para no perderlo del todo.

Con la Liga ya como único torneo, meterse en la Champions se convierte en una obligación ineludible para un equipo que, si no fuera porque el nivel de los competidores tampoco está siendo alto, ya habría perdido el tren de los puestos de privilegio. Pero como no ha sido así y, desde un punto de vista objetivo y nada catastrofista, el objetivo sigue a tiro y la realidad es que se ha atisbado una mejoría del juego, el Sevilla debe empezar a reconstruirse sobre sus propias ruinas desde ya.

El calendario inmediato es asequible para el nivel futbolístico del Sevilla actual, pues no tiene en lontananza a Madrid ni Barcelona, pero es complicado y tiene su guasa. Sin ir más lejos, el Espanyol ganó por estas mismas fechas el curso pasado en Nervión (1-2, el 16 de enero) y es un equipo de los que da dolores de cabeza al Sevilla del momento. Y luego llega un derbi mucho más igualado de lo que podría esperarse a estas alturas. Para más inri, para comenzar la segunda vuelta el equipo de Marcelino tiene luego otra difícil salida, en La Rosaleda ante un Málaga que es presunto rival directo y que, además, espera esta cita con especial motivación. Con este encuentro concluirá un mes de enero que se le puede empinar definitivamente a Marcelino si esa mejoría no comienza a trasladarse al marcador.

De momento, en la cúpula del Sevilla no se hacen eco de la tremenda animadversión que en un gran sector de la afición despierta ya el asturiano, pero el encuentro de mañana, con toda la masa de abonados presente a diferencia del día del Valencia, sí habrá un plebiscito en toda regla, con la amenaza del derbi asomando. La mejoría del juego es tan real como la falta de efectividad de un equipo en el que los máximos goleadores en la Liga siguen siendo Negredo y Manu con cinco tantos. Un lastre el de la ineficacia con el que no puede acabar ni Kanoute, excesivamente dosificado en un equipo con tan poquísimo gol. Y que saliera ante el Valencia en el minuto 72...

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