El pez grande; serlo y parecerlo

  • Fácil El Sevilla inicia su camino copero ante un débil rival que no tendrá ni la presión de su público como aliado Chollo La frialdad de un desangelado Cartagonova desequilibrará más la balanza

Con el corpachón oscuro de Kameni y sus larguísimos brazos batiendo como aspas de molino cruzándose aún en los sueños de sus delanteros, el Sevilla inicia hoy su andadura en la Copa del Rey. Todavía puede considerarse un sucedáneo esta eliminatoria que los equipos de Champions tienen la suerte de librar con más distancia de categoría, pero por eso mismo requiere la cita una mínima dosis de concentración que evite desagradables trances en forma de sustos. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Si el equipo de Jiménez cayó en semifinales en la edición pasada con un equipo de menor nivel como era el Athletic fue en gran parte porque el Real Unión de Irún se cargó en esta misma ronda de dieciseisavos al Madrid que entonces entrenaba Bernd Schuster. Se nombra al técnico alemán y parece que ha pasado un siglo. Y no, eso fue hace justo un año y dejó tan tocado al rubio del bigote que acabó cayendo por las escaleras del Bernabéu.

Jiménez tiene a muchos deseando tener la mínima ocasión de darle el empujón, pero el técnico de Arahal ha reforzado tanto su crédito que tendría que girar la cosa ciento ochenta grados para que le ocurriera algo así. No obstante, como recibió tortas a diestro y siniestro por quedarse en San Mamés a las puertas de la final, hará todo lo que tenga en su mano para dejar resuelta cuanto antes esta eliminatoria que se antoja sencilla, pero que no aconseja tomarse a la ligera. Recordó, por ejemplo, el preparador nervionense que si en esta competición los partidos se contabilizaran como en la Liga, por puntos, de Ponferrada el Sevilla volvió de vacío el año pasado. Luego quedaría la vuelta en el Sánchez-Pizjuán, pero, como suele decirse, ésas son escopetas que carga el diablo y si bien entrarán varios hombres de refresco en el once inicial no está por la labor Jiménez de descapitalizar al equipo por muy poca chicha que tenga el enemigo de enfrente.

Es verdad que lo del Atlético Ciudad es lo que más puede asemejarse a un equipo de solteros que, cansados de medirse siempre a los casados, formalizan una aventura pelín mayor. Es un equipo sin alma, sin afición... que para acabar de enterrar sus limitadas opciones, a su lunático presidente no se le ocurre otra cosa que llevarse el partido a Cartagena, a 68 kilómetros de Lorquí y a un estadio con 15.000 localidades que encima está vibrando con el sueño de estar peleando con Betis, Real Sociedad y demás por subir a Primera División. No es una afirmación gratuita lo de que es un equipo sin alma y sin afición. Con la aspiración de jugar en La Condomina, este club que es el heredero del Ciudad de Murcia de Quique Pina que luego vendió la plaza al Granada 74 jugó la temporada pasada hasta en cinco localidades distintas. Lorquí, Alcantarilla, Las Torres, Paretón y Totana. En el Ayuntamiento de Lorquí, que llegó el año pasado a echarlo de sus instalaciones por quitar el nombre de la localidad al título del club, ha sentado como un tiro que le quiten el caramelo que supone acoger un partido con un equipo Champions. Pierde con ello el equipo de Julián Rubio la salsa que en estos partidos le da vida a los equipos modestos, meter presión en un estadio reducido con el que lanza un córner a la distancia de un paraguazo.

Se encoge de hombros ante esto el Sevilla y sigue a lo suyo, que no es otra cosa que dejar solucionado el trámite si es en el minuto cinco mejor que en el diez. Y si es por 0-5 mejor que por 0-1.

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