Copa del Rey

Un quiero y no puedo (2-1)

  • El Sevilla se queda fuera de la Copa del Rey ante un Valencia que se limitó a controlar el arreón inicial · Con los blancos ya eliminados, Kanoute tuvo el pase en su último cabezazo.

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El Sevilla de Marcelino se queda fuera de la Copa del Rey ante el Valencia, el único equipo de Primera División con el que se ha cruzado en el presente curso. Cierto que el sorteo no había sido precisamente benévolo, que enfrente estaba el mejor de la Liga de los humanos, pero la sensación que dejan los nervionenses resulta otra vez frustrante, pues parecen incapaces de trepar ese escalón que separa a los elegidos de quienes sólo aspiran a meterse en esas zonas de privilegio. Este Sevilla, el del técnico asturiano, es a día de hoy el verdadero paradigma del quiero y no puedo.

Claro que si el cabezazo de Kanoute en la última jugada del partido hubiera entrado se estaría hablando de otra cosa, faltaría más, pero el balance de esta segunda competición que se le escapa al Sevilla 2011-12 se acerca a la frustración, a constatar que el equipo no da el nivel futbolístico de los años precedentes, incluidos esos cursos en los que había un arahalense sentado en el banquillo que parecía, poco más o menos, culpable de hasta haber corneado a Manolete si se permite esa frivolidad que tantas veces ilustra las comparaciones.

La vida sigue, es evidente, pero todo conduce a pensar que el Sevilla está en un proceso involutivo, que no parece dar pasos hacia delante y que se encamina hacia firmar su temporada más gris del último decenio. De momento, se despidió de Europa en la primera eliminatoria que disputó; además, en esa Copa del Rey en la que casi se había hecho un fijo en las semifinales, cuando menos, también se ha ido fuera en su primer cruce auténtico. Que ha sido contra el Valencia, sí, eso es innegable, pero el cuadro de Mestalla ya cayó en su momento, igual que también lo hicieran hasta el Barcelona de Pep Guardiola y muchos otros equipos de semejante nivel. Por tanto, el sevillismo, ahora sí y no cuando se acababa de clasificar para la última final en Getafe, tiene motivos de sobras para estar frustrado, para expresar su tremendo enfado dejando las gradas del Sánchez-Pizjuán medio vacías, o a medio llenar, según se prefiera verlo.

Y en medio de estas situaciones se disputaba un partido de vuelta cargado de alicientes. Marcelino disponía por primera vez en casa de Reyes y apostaba de nuevo por ese 4-4-2 que tanto le gusta con el utrerano en el enlace con Negredo y Manu del Moral tirado a la banda izquierda. Para tratar de equilibrar, los dos medios centro eran Medel y Trochowski. Sirve este pequeño repaso a la alineación para constatar que, pese al brioso arranque, por ahí comenzaría a partirse el equipo. Porque el Sevilla salió con muchas ganas, incluso presionó muy bien al Valencia a la hora de robarle el balón, aunque con el pero de siempre, con su incapacidad para convertir en goles ese ímpetu inicial. Lo tuvieron Negredo y Jesús Navas en torno al cuarto de hora, pero ambos se encontraron con Diego Alves en su camino. Incluso Rami estrelló un despeje en el poste de su portería.

Y a partir de ahí, sobre el minuto 25, el aire comenzaría a faltarle a los sevillistas para demostrar que su centro del campo estaba desnudo de elementos. Los rebotes, todos los despejes de los zagueros sevillistas, comenzaron a ir a los pies de futbolistas del Valencia que estaban en el centro del campo, mientras los locales se partían por el medio desde el mismo momento en que los delanteros, los cuatro, apenas ayudaban para atrás. Lo lógico.

El Valencia tuvo unas pocas opciones para haberse puesto por delante antes del intermedio y sólo los paradones de Javi Varas iban a evitarlo. Pero lo que no podían impedir estas acertadas actuaciones del cancerbero era que el frío cada vez fuera mayor en los huesos de los seguidores de los colores blanquirrojos. Afortunadamente para su equipo, el descanso iba a insuflarles algo de aire a sus futbolistas y el comienzo del segundo periodo iba a deparar un nuevo arranque brioso, aunque las oportunidades iban a escasear.

Entonces Marcelino decidió que era el momento de comenzar a hacer cambios, aunque olvidándose de Kanoute. Rakitic, Perotti al campo... y quien caza el balón por ahí, por esa mediapunta que tan poco le gusta al entrenador del Sevilla, es Jonas para meterle un pase que coge, una vez más, en la inopia a Spahic. Soldado se queda, como quien no quiere la cosa, absolutamente solo y se limita a demostrar que tiene la tranquilidad necesaria para hacer un gol.

El Sevilla estaba eliminado desde ese mismo momento, si no muchísimo antes, pero a este equipo le quedan restos de orgullo y hasta peleó hasta el final para buscar el imposible. Rakitic igualó bastante pronto, ya con Kanoute en el campo, Víctor Ruiz se encargó de ejecutar el trabajo que no eran capaces de hacer los delanteros locales, pese a que ya eran cinco sobre el campo, es decir, batir a Diego Alves, y hasta hubo un minuto para el milagro. Pero esta vez Kanoute no acertó, tal vez porque le dieron poco tiempo para ello. Es la historia, de nuevo, de un quiero y no puedo.

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