El otro partido

Una racha negativa casi insostenible

  • Marcelino suma seis partidos sin ganar, algo que no se da desde que cayó Jiménez y Álvarez debutó con derrota.

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El partido del próximo domingo ante el Villarreal se presenta como una cita clave para el futuro inmediato del Sevilla y de su entrenador. Desde hace casi dos años no acumulaba este equipo una racha de seis jornadas sin ganar, concretamente desde que Jiménez concatenó la quinta con el empate ante el Xerez y Álvarez debutó con derrota en Villarreal. Coincide esta dinámica negativa con la escalada de rivales directos como el Espanyol, el Athletic y el mismo Málaga al que ayer dio vida. El propio Marcelino había tenido una racha similar en la primera vuelta, pero se quedó en cinco. Ahora acumula cuatro derrotas y dos empates y la excusa del buen juego no vale en esta ocasión. Si acaso, en su defensa, el técnico asturiano podrá aducir lo que todo el sevillismo vio, que Muñiz Fernández no le dio nada de cariño e incluso anuló un gol por fuera de juego muy, muy, muy dudoso. Pero este gol podría haber dado un punto que también sería insuficiente en el actual contexto.

Entre la anterior racha y la actual, once partidos sin ganar entre las dos, el equipo de Marcelino sólo ganó en el campo del casi desahuciado Zaragoza y en casa ante el Getafe, que fue el único triunfo holgado del curso. Con o sin la mediación de Muñiz, que masacró al Sevilla con sus decisiones, lo cierto es que ayer el equipo no tuvo nada que ver con el de los terapéuticos empates ante Espanyol y Betis. Bastó simplemente que Reyes no concurriera, pues ya estaba tocado antes de lesionarse en el minuto 35, para que resucitara el peor Sevilla.

El asturiano se quejaba en la previa de que estaba harto de victorias morales y tuvo como respuesta una derrota de las que enfadan. Porque el aficionado, en cuanto transcurran las horas, irá olvidando factores externos como el arbitraje o el infortunio de la lesión de Reyes y empezará a buscar culpables endógenos. Ya los busca.

La afición se preguntará dónde está la mano del entrenador en el momento en que no puede contar con el futbolista que ha personificado la cacareada mejoría del equipo. Y también se puede preguntar cómo está programada una plantilla con tan pocas piezas con capacidad defensiva, no sólo en la retaguardia, también en la medular. O cosas como qué le pasa a Kanoute; o por qué Campaña es señalado por el entrenador cuando otros compañeros no parecen mejorar su rendimiento; o por qué Marcelino decide hacer debutar a Babá para reincidir en el error de los dos delanteros rematadores en lugar de arreglar el caos de la medular; o por qué se empeñó en pedir un delantero cuando, y ayer se vio nada más que faltaron Fazio y Cáceres, la defensa está muy, muy cogida con alfileres. El cóctel es peligroso y sólo se arregla con una racha totalmente contraria a la actual, desde ya.

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