La segunda gran cuesta que subir

  • El Sevilla de Marcelino atraviesa un nuevo bache cuando no ha cumplido la mitad de la Liga y con sólo 2 jornadas entre ambos.

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En días de depresión, todo lo negro envuelve con más facilidad que de costumbre a lo que luzca otro color. El sevillismo, o una parte importante del mismo -quizá la más maleable ante la facultad de los resultados para convertir euforias en hecatombes y al contrario-, vomita improperios contra Marcelino cuando el hombre, a su manera, trata de encontrar una solución para reconducir algo que empieza a torcérsele de nuevo. Porque el entrenador sevillista se ve en la parte baja de una empinada cuesta por segunda vez cuando aún no ha concluido siquiera la primera vuelta. Y todo ello si se pasa por alto la eliminación de la Liga Europa en agosto.

Preocupa, claro que preocupa, aunque no sea el final de los tiempos. Pero alarma una barbaridad. Estos baches tan largos y continuados suelen suceder una vez a lo largo de una temporada, a lo sumo dos, en un equipo hecho y construido para luchar por los objetivos que persigue el Sevilla. Dos en 17 jornadas son palabras mayores y el Sevilla deberá poner freno a esta situación si no quiere que la temporada se convierta en un infierno con un ambiente irrespirable para afición, entorno, equipo, dirección deportiva, cuerpo técnico, y en lo más alto de todo, el consejo.

El Sevilla acumula tres derrotas consecutivas en la Liga y necesita urgentemente recuperar terreno cuando el viento sopla en contra y el piso se pone en pendiente. A esas tres derrotas, ante Levante, Real Madrid y Rayo Vallecano, se une la de Copa en Mestalla, completando, por tanto, un mes nefasto para Marcelino, que sólo supo lidiar con cierta solvencia el torito del San Roque. Tres derrotas en la Liga que son más de la mitad de todas las que acumula desde que comenzó el campeonato, un total de cinco. Las dos restantes provocaron alarma porque llegaron en el Sánchez-Pizjuán y en otro bache difícil para el equipo de Marcelino, que estuvo cinco jornadas sin ganar desde que empató brillantemente en el Camp Nou en la mejor noche de Javi Varas como profesional del fútbol. Las derrotas ante Granada y Athletic quemaron a la grada porque se produjeron en casa, porque también se juntó con un empate de mala manera frente al Racing en Nervión y porque el fútbol que practicaba el equipo tampoco era muy fluido en ataque y nada vistoso. Otro empate sin goles en Mallorca en un pésimo partido también ayudó a que la afición cuestionara con esta mala racha el trabajo de Marcelino.

Pero lo preocupante es que entre ese bache y el actual sólo han mediado dos jornadas, dos encuentros en los que el Sevilla venció a Getafe y Zaragoza. Después de ganar en el estadio del colista y hoy equipo de Manolo Jiménez, los de Marcelino tuvieron la oportunidad real de colocarse en puesto Champions, pues una victoria a domicilio ante el Levante les permitía superarlo en la tabla y situarse cuarto. Pero perdieron el tren y ahora de nuevo se encuentra el Sevilla en el principio de la cuesta y con los rivales a cierta distancia (el Levante, al que pudo superar aquel día, está ya a seis puntos).

Las dudas vuelven a asaetear el crédito de Marcelino y ni siquiera el fichaje de Reyes parece ilusionar a una afición a la que es más fácil hacerla caer en la depresión que motivarla con caramelos como el del utrerano. Se empiezan a escuchar nombres de entrenadores cuando el consejo ahora mismo no quiere ni pensar en tener que plantearse una cosa así.

Lo primero es lo primero, la Copa. La noche de mañana promete tensión en el Sánchez-Pizjuán y puede marcar mucho de lo que ocurra en el final de esta primera vuelta en la que el Sevilla tiene difíciles papeletas con partidos ante el Espanyol y el Betis.

Por un lado hay que pensar que el grupo que dirige Marcelino ya ha demostrado que sabe salir de una situación así, pero por otro reflexionar en que ha caído muy pronto en otro bache. Demasiado pronto.

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