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Un sistema hipotecado

  • El 4-4-2 mostró todas sus carencias, pareció primitivo ante la excesiva ansiedad y provocó unos agujeros insalvables en la medular que llevaron al ridículo absoluto

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Si tiene que salir José Carlos para mostrar cuáles podrían haber sido las vías para derrotar al bien armado Braga es que algo no funciona. El onubense ocupó una posición, la mediapunta, que nadie hasta entonces había pisado, salvo el móvil Perotti. El mal de fondo fue la manida explotación del 4-4-2 como único recurso, un sistema arcaico en el que dos delanteros de la envergadura de Kanoute y Luis Fabiano se contagiaron de la precipitación colectiva y se olvidaron de lo que no fuera el área. A ello se sumó la ansiedad de todo el equipo. Y empezaron a surgir agujeros por todos lados. El resultado fue un ridículo absoluto ante un equipo de presupuesto mucho menor, pero con un esquema moderno mucho más adaptado a sus posibilidades.

Defensa

Con sólo dos medios y cuatro atacantes, ¿quién roba la pelota en el Sevilla si uno de ellos es Cigarini? Al zafarrancho ansioso con el que salió el equipo se unieron Dabo y Konko, adelantando mucho su posición y dejando atrás dos vías.

Zokora amplió el mal adelantando su zona de vigilancia en los ataques sevillistas. Presionaba y ganaba balones, pero se corría el enorme riesgo de que había un gran espacio a su espalda y a la de los laterales, con lo que Fazio debía subir a tapar ese agujero y Escudé se quedaba como apagafuegos ante el veloz Matheus. En uno de los robos portugueses, Paulo César se zafó de Zokora, se deshizo sutilmente del muy adelantado Fazio y llegó el temido gol. Todo cayó como un castillo de naipes. Por jugar con fuego, el de usar un sistema con pocos especialistas en el robo.

Ataque

Había dicho Álvarez en la previa que había que manejar la ansiedad. Pero su orden de salida fue clara: irse arriba con descaro. Sin embargo, Jesús Navas no tuvo su desborde habitual y se prodigaron demasiados centros a la olla, donde ni Kanoute ni Luis Fabiano encontraron el adecuado acomodo para el remate ante la firmeza de la zaga del Braga, como contagiados de esa ansiedad. Perotti fue el más activo y el único que buscó otras vías, cayendo al medio y sonsacando a los portugueses entre líneas. La salida de José Carlos pareció dinamizar el juego con su movilidad y sus caídas a las bandas. Pero todo fue ficticio. El sistema estaba completamente hipotecado por la contumacia en confiar en la pegada de Luis Fabiano y Kanoute.

Virtudes

Si acaso, la voluntad y la fe.

Talón de aquiles

España y el Barcelona brillan con tres medios. Este Sevilla se cree capaz de todo con sólo dos.

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