El sutil toque de Míchel

  • El madrileño acertó dando prioridad a lo psicológico sobre lo táctico. Su gesto con Medel y Spahic dio unidad al grupo.

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Quizá sea precipitado y oportunista afirmar taxativamente que Míchel le ha cambiado la cara al Sevilla tras su primer triunfo. Mestalla y la visita del Atlético sí servirán para calibrar cuán larga ha sido la mano del entrenador madrileño en el presunto giro del equipo, que volvió a ganar en la Liga después de dos meses y medio y dejó una primera parte para recordar. Aun así, hay que ser justos y reconocer algunos aspectos que se apreciaron en ese triunfo que puede entenderse no sólo como un balón de oxígeno para un equipo que amenazaba ruina, sino como el principio de un nuevo ciclo que acerque las metas fijadas. ¿La Champions? Es demasiado pronto para hablar de eso, o al menos es lo que trasladan desde el seno de la plantilla, que no quiere mirar más allá de la próxima y complicada cita liguera.

Míchel ha mostrado firmeza en algunas decisiones, como el asunto de Medel y Spahic, y suavidad en los mensajes. Es listo y sabe mandar desde cierta distancia y respetando el ámbito natural del futbolista: "No entro en el vestuario después de los partidos", recordó el sábado tras el partido. Lo primero que ha hecho el técnico es impregnar en el grupo la idea de que sólo se consiguen los objetivos desde la unión. De ahí que, pese al alto coste de la derrota en Anoeta, el golpe de autoridad dejando a Medel y Spahic en Sevilla surtió efecto en el ánimo colectivo. Míchel no quiere mal ambiente ni elementos que distorsionen la concordia dentro del grupo y la forma en que el vestuario respondió ante Osasuna y la celebración conjunta del éxito final demuestran que caló bien hondo el trabajo anímico en busca del afán colectivo.

Otra de las primeras premisas de Míchel ha sido dejar a un lado los aspectos clasificatorios, ponerle sordina al contexto negativo que rodeaba a la plantilla y quitarle algo de la enorme presión que aguantaba. El madrileño ha empezado la reconstrucción desde lo psicológico y el "partido a partido" que parecía de otros tiempos volvió a escucharse en boca, por ejemplo, de Palop, una de las claves del triunfo, sufrido y merecido, sobre Osasuna.

Cosa de futbolistas

Ya antes de dar ese golpe de autoridad el madrileño dejó claro en su presentación como entrenador del Sevilla que quería darles toda la responsabilidad a los futbolistas. Primero, respaldo y confianza; luego, exigencia y responsabilidad. Frases como "ha llegado el momento de que se den cuenta de dónde están y qué escudo defienden" o "dependemos de los jugadores en el terreno futbolístico y emocional, de su compromiso" fueron mensajes directos al amor propio de los jugadores. Y, en cuanto pudo, inmiscuyó de lleno a dos referencias como Palop y Kanoute, que estaban teniendo un rol demasiado secundario, si bien es cierto que ambos han tenido muchos problemas físicos que les han impedido tener más protagonismo en la era de Marcelino. Ya que los jugadores son los que deben tirar del carro, que sean sus dos primeros capitanes, los dos líderes con más peso específico, los que se pongan a la cabeza.

Lo táctico, lo secundario

Del dicho al hecho suele haber mucho trecho, pero no tanto en el caso de Míchel. El técnico avisó de que no le daba prioridad a lo táctico sino a lo anímico y lo demostró ante Osasuna. Pese a que, tal y como anunció al llegar, su idea de fútbol se cimenta sobre un esquema de 4-3-3, fue flexible a las primeras de cambio y, para meter en el equipo a los mejores y al mismo tiempo con más capacidad de liderazgo (Kanoute, Negredo, Reyes, Jesús Navas...) los colocó a los cuatro para desdecirse y ganar con el clásico 4-4-2. Para ello contó con el estado óptimo de Kanoute, quien ha padecido múltiples problemas físicos que han lastrado su continuidad y sus comparecencias.

En los entrenamientos, incluso en los partidos, su ayudante, Víctor Sánchez del Amo, asume muchas tareas tácticas. Es otra prueba de que Míchel quiere ejercer el mando con cierta distancia sobre sus jugadores, dirigiendo un cuerpo técnico en el que Carlos Morales, el analista, tiene la tarea de informar de los rivales y de realizar los vídeos de sesiones y partidos.

Con todo, la victoria sobre Osasuna dejó en evidencia también algunas lagunas tácticas que ya se habían manifestado en la etapa anterior. El Sevilla, pese a su excelsa primera parte, no cerró el partido y el equipo pagó el desgaste físico realizado, hasta el punto de que sin la intervención de Palop, como antes hizo Javi Varas, se estaría hablando de otra cosa. Es un aspecto a mejorar, así como la respuesta a domicilio. La primera prueba para ello es de muchísima altura: Mestalla. Allí el Sevilla podrá profundizar en la mejoría o volver a las andadas. El domingo se verá.

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