La tiranía del 2 de 15

  • Marcelino se despide con un discurso sincero, emotivo y autocrítico: "No tenía fuerza moral para exigir nada al club cuando me dieron tanto y yo tan poco".

No fue una despedida al uso. Marcelino, en su prematuro adiós como entrenador del Sevilla -él confía en que sea un hasta luego-, estuvo arropado por todos. O casi: faltó algún jugador que representara a la primera plantilla. Fue caluroso el adiós a una víctima paradigmática de la única verdad que cuenta en el fútbol, ganar. Parecía un funeral. Y parecía que José María del Nido se disponía a glosar la vida del finado. La conclusión es que en este mundo del balón, sin resultados no hay vida: "Con todo el dolor de nuestro corazón hemos destituido a Marcelino pese a que hemos podido constatar que es un técnico altamente cualificado. Es un grandísimo entrenador. Después de haber ganado 2 partidos de 15, y contra nuestro criterio, no teníamos más remedio que adoptar esta dolorosa decisión. Los resultados no acompañaron".

Los resultados, los tiranos resultados, vertebraron la emotiva intervención de un muerto que afortunadamente irradia mucha vida. Y sincera. Su alocución, con la voz quebrada por la emoción, estuvo muy lejos del resentimiento por la destitución: "Quería que estuvieran el presi y Monchi, primero, porque nos han dado la oportunidad de dirigir a un gran club, y damos fe de ello, y también porque nos han transmitido de forma permanente su confianza y apoyo. Era nuestro sueño entrenar al Sevilla y al final parece que ha sido un mal sueño".

Y si Marcelino no guarda aparentes reproches hacia la traumática medida que adoptaron los rectores sevillistas, es por la evidencia de su insostenible cuenta de... resultados: "En el fútbol la bolita es la que manda, y ni las bolitas de los sorteos ni el balón nos han acompañado. Es fútbol. No pudimos devolver esa confianza que pusieron en nosotros con resultados. "No tenía fuerza moral para exigir nada al club cuando a nivel de resultados les he dado tan poco".

Lógicamente, se le requirió al asturiano su opinión acerca de la causa de ese decepcionante rendimiento: "No ha funcionado porque en el juego no hemos sido continuos, ni durante los partidos ni en la suma de los mismos. Lo único que me reprocho es no haber convencido a la plantilla de que fuera continua en una serie de criterios y valores. También es cierto que desde que soy entrenador nunca he tenido tan poca suerte como aquí. Todas las derrotas, salvo la del Madrid, han sido por la mínima y ninguna victoria fue injusta. No ganar va deteriorando la confianza (en su método) de los profesionales".

Afirmó que no acusó la presión del entorno, léase prensa más o menos profesional: "La presión me la dan los resultados". ¿Y se arrepiente de su discurso tan sincero? ¿No ve a toro pasado que hubiera sido más aconsejable marcar los tiempos y no ser tan franco? "Tiene huevos que tacharme de sincero sea una debilidad... Los tiempos, en el fútbol, los marcan los resultados, lo demás es una pantomima". De nuevo los resultados...

Deseó "lo mejor a la plantilla" y "mucha suerte a Míchel", puntualizando que él no es quién "para dar consejos a un colega".

Un lamento amargo como la hiel: "Es el peor momento de mi carrera profesional. Es muy difícil que encontremos en otro club las posibilidades personales y profesionales que nos han dado aquí, y nos va pesar salir de este trance".

Y para abrochar su adiós, para ser coherente con su mensaje, quiso dejar claro que se va sin un ápice de rencor: "Monchi tiene en mí la misma confianza hoy que ayer. Por mucho sentimiento que tengamos, defendemos a un club y éste está por encima de las personas". Se le entrecortó la voz, la emoción le iba ganando el pulso. Era mejor levantarse e irse. Del Nido y Monchi aplaudieron. Ay, ese 2 de 15...

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