Bélgica investiga el choque de trenes en el que murieron 18 personas

  • Las autoridades belgas se preguntan si pudo haberse evitado de haber contado los convoyes con sistemas de frenado automático.

Las autoridades belgas continúan la investigación del choque de trenes del lunes, que causó 18 muertos y 171 heridos, mientras el país se pregunta si la catástrofe podría haberse evitado de haber contado ya los convoyes con los sistemas de frenado automático que se están implantando en la red ferroviaria.

Por el momento, sigue sin haber informaciones oficiales sobre las causas del accidente, ocurrido a unos 20 kilómetros de Bruselas, y las autoridades han advertido de que la investigación podría prolongarse durante semanas o incluso meses. Varios testigos aseguran que uno de los trenes ignoró un semáforo en rojo y colisionó con el otro, que se encontraba detenido, tal y como explicó en un primer momento Lodewijk De Witte, el gobernador de la provincia de Brabante Flamenco, donde se produjo el siniestro.

La compañía nacional de ferrocarriles (SCNB) ha asegurado, sin embargo, que "es demasiado pronto para establecer una hipótesis", aunque admite que la posibilidad señalada por De Witte "no resulta inverosímil". Los investigadores han recuperado entre los hierros la segunda de las "cajas negras" de los trenes, que deben aportar luz sobre las circunstancias del accidente. El conductor de uno de los trenes figura entre los fallecidos, mientras que el otro -que pilotaba el convoy que embistió al tren que estaba detenido- ha resultado herido de gravedad, pero su vida no corre peligro, por lo que será interrogado cuando su estado de salud lo permita. Según fuentes citadas por varios medios, el maquinista saltó del tren antes del impacto y tras haber activado el freno de emergencia, aunque la información no ha sido confirmada de forma oficial.

El debate en Bélgica se centra ahora en saber si la catástrofe era evitable. Según Luc Lallemand, el administrador delegado de Infrabel, la sociedad que gestiona la red ferroviaria belga, si los trenes hubiesen contado con el sistema de frenado automático la colisión "se podría haber evitado". Lallemand ha matizado poco después sus palabras, asegurando que el mecanismo "habría mejorado" el nivel de seguridad, pero no necesariamente habría impedido el choque.

Por su parte, el presidente del sindicato de maquinistas, Arthur Mercier, ha considerado que la catástrofe se habría producido seguramente de todos modos, pues el sistema de la SNCB no es siempre eficaz. La línea férrea donde se produjo el accidente está equipada con un sistema de seguridad que permite inmovilizar los trenes en caso de que se salten un semáforo rojo, pero sólo una de las máquinas involucradas en el choque estaba adaptada al mecanismo. La SNCB decidió en 2005 comenzar instalar su propio sistema de frenado automático en todas las líneas y todos los trenes, pero el proceso sólo se concluirá en 2013.

La compañía ha asegurado que los retrasos se deben en parte al proceso de armonización de estos mecanismos a escala comunitaria, una acusación que la Comisión Europea (CE) ha rechazado. Según el Ejecutivo comunitario, en las líneas nacionales es competencia absoluta de las autoridades de cada país el garantizar la seguridad con medidas apropiadas. La UE impulsa, mientras, un sistema común que se encuentra en fase de instalación en las líneas trasnacionales para facilitar el tráfico entre Estados miembros, un mecanismo que algunos países han adoptado también para parte de sus infraestructuras internas, pero no en el caso belga.

Varios periódicos consideraban "inaceptable" que no todos los trenes del país cuenten con sistemas de frenado automático, especialmente cuando en los últimos años se han invertido grandes sumas de dinero en estaciones "faraónicas" como las de Lieja y Amberes.

En reacción al accidente, un buen número de maquinistas de la región sur de Bélgica han decidido protestar para denunciar sus condiciones de trabajo y han iniciado una huelga espontánea, que ha complicado aún más la gravemente perturbada circulación de los trenes. Varias líneas siguen cortadas por el accidente, entre ellas las conexiones de alta velocidad de Bruselas con Londres, París, Amsterdam (Holanda) y Colonia (Alemania).

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