Hartos de tantísima ineficacia

  • El presidente Medvedev siguió con sus vacaciones hasta que la situación se volvió caótica y el primer ministro Putin visita las zonas quemadas pero no se encarga de la coordinación de los equipos de ayuda

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, observó durante días desde su residencia de verano climatizada, en Sochi, cómo se quemaba Rusia. El Kremlin apenas se veía entre el humo de los incendios a poco más de 200 metros. Los moscovitas sufren desde hace días los efectos de los fuegos. Muchos tienen dolor de cabeza o se sienten mareados. Y otros vuelven a sentirse abandonados por el Gobierno en tiempos difíciles.

El primer ministro Vladimir Putin viaja una y otra vez a los lugares afectados por las llamas. Muchos funcionarios creen sin embargo que haría mejor en ocuparse en coordinar las labores de rescate y del Gobierno.

Putin prometió que los cientos de casas que se quemaron serán renovadas. Por su parte, Medvedev reclamó a la población que se ayude mutuamente y anunció una legislación más restrictiva con los dueños de jardines y terrenos que hacen fuegos y hogueras sin control. Además, interrumpió sus vacaciones de verano para volver a Moscú.

Pero las altas temperaturas, que volvieron a superar los 40 grados, avivan también los ánimos de los rusos, muchos de los cuales han perdido el trabajo de toda una vida.

Ante las elecciones parlamentarias del próximo año y las presidenciales de 2012, la lucha contra los incendios se ha convertido además en un tema político. Según la politóloga Lilya Shevzova, del centro Carnegie, Putin utilizó la tragedia para posicionarse como "líder nacional".

Sin embargo, según muchos expertos, la situación en el país es tan dramática precisamente como consecuencia de la ley de montes aprobada en 2007, cuando Putin era presidente. Incluso sus seguidores advertían desde hace años que esta ley era un "peligroso detonador", lo que ahora quedó demostrado de la peor de las maneras, como apunta el diario Novaya Gaseta.

"No hay una organización inteligente de la protección forestal", apuntó el especialista Erik Walendik, según el cual no hay efectivos especializados trabajando en los bosques. La ley deja la prevención en manos de los propietarios y administraciones locales y no de los servicios forestales estatales, como ocurría anteriormente.

Pero además, el fuego pone al descubierto muchos de los otros problemas que acucian al país.

E incluso los medios de comunicación estatales muestran cómo en el campo a la gente se le agota la paciencia. La falta de ayuda y la ineficiencia caldean el ambiente y avivan las ganas de protestar. Muchos dudan incluso que el dinero destinado a paliar los efectos del fuego llegue a sus destinatarios a través del entramado de corrupción. En las zonas más afectadas los tendidos eléctricos e incluso las oficinas de correos quedaron destrozados, lo que imposibilita el pago de las pensiones.

Por otro lado, los médicos se quejan de las condiciones de higiene y de la falta de coordinación, de la que culpan a la autocracia y el centralismo de Moscú. Además, según los analistas, los funcionarios se han servido tradicionalmente de su puesto de trabajo para enriquecerse y no para servir a los ciudadanos.

Y es que a pesar de que Medvedev proclamó casi a diario la modernización del país, ésta se encuentra casi tan poco a la vista como el final de los incendios.

Pero allí donde el Estado falla acude la solidaridad civil. Cubos, guantes, mascarillas... pero también medicamentos, agua potable y ropa limpia: la catástrofe de los incendios en Rusia dejó a muchos sin los bienes más básicos y esperando en vano que se cumplan las promesas del Gobierno. Por eso los más emprendedores, como la médica Lisa Glinka, comenzaron a organizarse por su cuenta desde una Moscú cubierta de humo y gracias a internet. Los voluntarios no tardan en aparecer: Rusia vive una ola de solidaridad sin precedentes.

Glinka convocó a través de la web a quien quisiera prestar su ayuda para crear una suerte de pequeño almacén humanitario. Decenas de personas se acercaron en seguida a la calle Pyatnizkaya 17 con mantas, ropa interior e incluso palas y hachas para los equipos de limpieza.

El pequeño sótano de la médica se llena a una velocidad de vértigo. En su blog doctor-liza.livejournal.com los voluntarios encuentran detallado qué está haciendo falta: desde calmantes, pasando por pañales hasta alojamiento. La emprendedora doctora lleva un tiempo ocupándose de los necesitados con su fundación Ayuda Justa, pero lo cierto es que la caridad organizada tiene poca tradición en Rusia.

"Leí en internet lo de la ayuda y sencillamente sentí que debía hacer algo", dice Katia, de 29 años, oficinista en una empresa occidental. Katia gastó el equivalente a 100 euros en ropa y herramientas y los llevó al depósito de Lisa. Otros voluntarios ofrecen transporte. Y para coordinar esa variedad de oferta y demanda, Lisa cuenta con dos computadoras y algunos colaboradores encargados con esa tarea.

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