'Katrina', un lustro de heridas

  • Se cumplen cinco años de una de las mayores catástrofes de la historia de Estados Unidos, con la ciudad de Nueva Orleans todavía sumida en sus trágicos recuerdos

Entre las hileras de casas de la barriada del Lower Ninth Ward, en Nueva Orleans, se abren muchos huecos, a menudo la naturaleza ha reconquistado su terreno inundándolos con una densa maleza. Sobre las puertas, muros y ventanas tapiadas se siguen viendo los restos de señales y fechas escritas con spray y que recuerdan que en esos lugares se buscó a supervivientes o se alertó de dónde había muertos.

El Lower Ninth Ward está a apenas unos minutos de distancia en coche del bullicioso centro de Nueva Orleans pero, a cinco años del devastador paso del huracán Katrina, esta zona de la sureña ciudad estadounidense sigue siendo un mundo aparte.

Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visite hoy Nueva Orleans, en el quinto aniversario de su peor catástrofe natural, le espera en esta metrópolis del jazz en el delta del Mississippi una mezcla de esfuerzos por reconstruir la devastada ciudad, trágicos recuerdos, una esperanza de poder superarlos junto con heridas aún no cicatrizadas del todo.

Y es que el lustro que ha pasado desde Katrina no ha sido nada fácil para esta ciudad. Nuevos huracanes amenazaron toda la región y, este mismo año, le azotó una nueva catástrofe, esta vez provocada por la mano humana: la peor marea negra de la historia de Estados Unidos tras la explosión de una plataforma petrolera en el Golfo de México.

"Es como si nos hubieran marcado con una cruz en la espalda", se lamenta Brittanie Bryant, que gestiona una de las numerosas tiendas de souvenirs en la ciudad.

Aun así, "Nueva Orleans ha vuelto a levantarse", sostiene Kim Amoss, redactor jefe del diario local Times-Picayune. "Hace cinco años nadie hubiera pensado que (la ciudad) volvería a estar como ahora", asegura.

Con unos 3.550.000 residentes, Nueva Orleans ha recuperado el 80% de sus antiguos habitantes. La cruz de la moneda: "Todavía no hemos regresado a la normalidad porque algunos barrios siguen sin estar tan habitados como lo estaban", explica Amoss. El mejor ejemplo: el Lower Ninth. En ningún lugar como en éste arrasó la monstruosa tormenta -y la masiva inundación que provocó- que se abatieron sobre Nueva Orleans y toda la costa del Golfo. De los más de 1.800 muertos, casi la mitad vivía en el Lower Ninth, cuyos habitantes son en su mayoría afroamericanos y pobres. Tan sólo una cuarta parte de sus residentes vuelven a vivir en este lugar cinco años más tarde.

Muchas de las imágenes que estremecieron al mundo fueron tomadas en el Lower Ninth, cuando el ciclón dejó bajo el agua al 80% de Nueva Orleans, dañando o destruyendo 134.000 viviendas después de haber provocado la huida de 1,3 millones de personas. Cuando Katrina tocó tierra, a las 6:10 de la mañana del 29 de agosto y con vientos de más de 200 kilómetros por hora, Nueva Orleans estaba terriblemente mal preparada para una amenaza de tal magnitud.

La metrópolis del jazz está rodeada de agua y, en buena parte, se encuentra por debajo del nivel de mar. Graves fallos de construcción en los diques de contención que la protegen se convirtieron en una trampa mortal cuando Nueva Orleans pasó a ser una gigantesca bañera. Se contaron más de 50 roturas de diques.

Y eso que las catastróficas consecuencias no constituyeron una sorpresa total. Años antes de Katrina los expertos habían advertido de que los diques no resistirían un huracán de categoría 3 o mayor. "El sistema de diques no lo era más que nominalmente. Había toda una serie de problemas que nunca fueron corregidos", denuncia el premiado periodista medioambiental Mark Schleifstein.

A ello se unió la tardanza con que las autoridades locales implementaron los planes de evacuación. Y que también Washington, y sobre todo la autoridad encargada de administrar y prevenir catástrofes, FEMA, carecía de planes, y actuó de forma lenta y caótica.

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