Miles de personas deambulan buscando ayuda

Miles de personas afectadas por el tifón Haiyan transitaban ayer por las carreteras de la isla de Leyte en busca de alimento y agua, donde imperaba la ley de la fuerza ante la falta de presencia de las fuerzas del orden tres días después de que el fenómeno meteorológico arrasara las provincias centrales de Filipinas.

Los propios residentes confirmaron la nula presencia de las fuerzas del orden, aunque reconocieron que las autoridades locales también se vieron afectadas por los estragos del tifón.

"Hemos visto a muy pocos efectivos de las fuerzas de seguridad, pero claro ¿cómo van a estar aquí si ellos se han visto igual de afectados que nosotros?", declaró Terry Mabag, propietario de una empresa constructora en Tacloban.

El portavoz de Defensa Civil, Reynaldo Balido, afirmó que el restablecimiento del orden en Tacloban y otras áreas es una de las "principales prioridades".

Mabag y su familia sobrevivieron a la crecida de la marea, causante de la mayor parte de los decesos, refugiados en el ático de su casa. "Tenemos la suerte de que nuestra casa es de tres plantas y nosotros estábamos en el ático. El agua estuvo a punto de alcanzar el lugar donde nos resguardábamos, pero justo entonces empezó a remitir el nivel del agua", comentó el superviviente. Tacloban y sus alrededores presentan un paisaje lunar, en medio de una gran desolación. La gran mayoría de las casas están totalmente destruidas y las construcciones de ladrillo en ruinas, mientras apenas queda vegetación en pie.

Beverly Cabillo, residente de la zona, contó que "Haiyan fue como un dragón enorme que llegó y se lo llevó todo en un momento". "Nos refugiamos en casa porque pensábamos que el tifón no iba a ser tan intenso, pero al poco empezó a arrastrar el tejado de nuestra casa", rememoró Cabillo, quien al regresar al que era su hogar se lo encontró sin techo y con los muebles a más de 10 metros de distancia.

La superviviente y su familia al ver la potencia del tifón decidieron trasladarse para pedir refugio en casa de un vecino cruzando la calle con una silla en la cabeza para evitar ser golpeados por uno de los innumerables objetos arrastrados por el viento, que llegó a superar los 300 kilómetros por hora.

Cabillo dijo no haber visto ningún equipo de rescate por la zona ni a las fuerzas del orden y rogó ayuda ante la escasez de líquidos para luchar contra la sed.

"No tenemos nada, no llega nada aquí", dijo la superviviente Gilda Mainao desde Tacloban a la radio. "Por favor, por favor envíennos ayuda".

Aunque los vecinos se quejaban de la falta de ayuda, un equipo de empleados del ministerio de Infraestructuras se encuentra en Tacloban limpiando el acceso a la zona, según dijo a Efe el ingeniero jefe, Ferdinand Briones, cuyo equipo trabaja 22 horas al día para tratar de despejar las calles ante la esperada llegada de víveres y bienes de primera necesidad.

"Nosotros trabajamos todo lo que haga falta, pero si nos quedamos sin agua poco podemos hacer", señaló Briones.

Mientras tanto, miles de personas hacían interminables colas en las gasolineras que aún permanecen en pie para tratar de hacerse con un poco de combustible, como mucho 500 pesos (8,6 euros), el límite establecido por el Gobierno regional.

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