Mueren 41 personas en el derrumbe del minarete de una mezquita en Marruecos

  • Los vecinos denuncian que el edificio, de finales del XVII, estaba en muy mal estado. Mohamed VI, que costeará personalmente las exequias de los fallecidos, ha ordenado revisar todos los templos antiguos del país.

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El derrumbe del minarete de una mezquita en Mequínez, en el centro de Marruecos, ha causado un total de 41 muertos y 75 heridos, de los cuales 14 siguen hospitalizados, según las autoridades, que anunciaron el final de las tareas de rescate.

Aunque alrededor de la medianoche del viernes las fuerzas de seguridad ya desalojaron a los voluntarios de la mezquita, la retirada de escombros terminó oficialmente el mediodía del sábado, después de que perros adiestrados hiciesen el último rastreo, antes de dejar paso a las excavadoras. La entrada de esas máquinas ha sido la señal definitiva de que ya no hay esperanzas de encontrar a más supervivientes, que hasta el momento han sido trasladados a centros hospitalarios de Mequínez y de la cercana Fez. El sábado por la mañana tuvo lugar cerca de la mezquita derruida una oración colectiva en recuerdo de los muertos, en la que participaron responsables regionales y provinciales, y numerosos vecinos y familiares de las víctimas, entre las cuales hay al menos dos menores.

Las escenas de caos que siguieron a la caída del minarete, que echó abajo prácticamente la mitad del templo, fueron sustituidas hoy por la preparación de los funerales, que empezaron esta mañana y está previsto que se prolonguen a lo largo del día. La desolación se ha apoderado del barrio de Bab El Berdiyine, uno de los más antiguos de la medina de esa ciudad imperial, dado que a él pertenecían la mayoría de los fallecidos. El rey Mohamed VI de Marruecos, que envió a los ministros del Interior y de Asuntos Islámicos al lugar para supervisar las labores de rescate, ha anunciado que costeará personalmente las exequias.

Las autoridades apuntan a que las fuertes lluvias caídas durante esta semana en la región de Mequínez fueron la causa determinante de la caída de la torre desde la que se llama a los fieles al rezo en la mezquita. Sin embargo, algunos vecinos apuntan a que la situación de ese templo, levantado a finales del siglo XVII, era muy precaria desde hace tiempo y que necesitaba una profunda restauración que nunca fue realizada. Al elevado número de víctimas contribuyó que el suceso tuviera lugar nada más comenzar la oración del mediodía del viernes, la más importante para los musulmanes, cuando había centenares de personas en su interior.

Tras esta tragedia, el Ministerio del Interior informó de que el monarca ha solicitado un peritaje urgente de todas las mezquitas antiguas del país. Siguiendo las instrucciones reales, en las diversas provincias marroquíes se van a establecer comisiones con representantes locales y ministeriales, para examinar el estado de esos edificios religiosos y de sus dependencias. Con ello se responde a una petición reiterada por asociaciones locales, que denuncian el abandono de los edificios más antiguos de las medinas marroquíes y el peligro no sólo de derrumbe, sino de pérdida paulatina del patrimonio artístico, cultural y religioso nacional. Por el momento, Mohamed VI ha ordenado también la reconstrucción del templo de Bab El Berdiyine en el plazo más breve de tiempo, aunque ya no se podrá evitar la pérdida de una de las joyas históricas de la ciudad ni de las 41 vidas humanas.

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