Lo que se esconde tras el fuego

  • La Policía Científica rastrea las cenizas y las huellas que encuentra en el foco de un incendio para averiguar si fue provocado para encubrir un asesinato o un robo

Los incendios provocados que pueden arrasar viviendas, locales o vehículos son un arma cada vez más utilizada por delincuentes de todo pelaje para destruir las huellas de otros delitos, como asesinatos y robos en venganzas personales o para engañar al seguro y cobrar la indemnización.

"Es frecuente que al llegar a la escena de un homicidio nos encontremos primero con un incendio, con el que el asesino ha pretendido tapar las huellas del crimen", explica José Antonio Rodríguez Pascual, del área de inspecciones oculares de la Policía Nacional.

En ocasiones, el lugar del asesinato está totalmente arrasado, aunque para incinerar un cadáver son necesarias temperaturas superiores a los 1.200 grados centígrados mantenidas durante largo tiempo.

Algo similar ocurre con los coches robados, utilizados en los golpes de las bandas de delincuentes y que muchas veces aparecen calcinados en descampados o cunetas para borrar las huellas y dificultar su identificación.

También se han dado casos de incendios en locales o negocios, aparentemente accidentales, que han resultado ser provocados por los propios dueños con la única intención de cobrar la indemnización del seguro.

Los fuegos por venganza o "para fastidiar al vecino" también están "a la orden del día", según fuentes de la Policía. "Hay una teoría clásica, el Principio del Intercambio de Locard, que dice que el autor de un delito siempre deja y se lleva algo de la escena del crimen, y nuestro trabajo es encontrar ese algo", subraya el inspector Rodríguez Pascual, que destaca la complejidad de la investigación de este tipo de siniestros.

Rastrear las cenizas y encontrar pruebas que demuestren si el fuego es provocado o fortuito es el trabajo de los especialistas en incendios de la Comisaría General de Policía Científica.

Una docena de agentes que sólo en el primer semestre de este año investigaron más de 800 incendios y en las últimas dos décadas han inspeccionado miles de siniestros, algunos tan conocidos como el incendio del Windsor, el del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid o el del buque Proof Spirit en Valencia, fuego en el que murieron 18 trabajadores.

En su trabajo, la Policía Científica ha sido pionera en el empleo de perros adiestrados, los conocidos DAF (Detectores de Acelerantes del Fuego), capaces de señalar cualquier rastro de gasolina o queroseno en un incendio.

Estos perros adiestrados son de gran ayuda en siniestros de gran extensión y en aquellos incendios en los que el fuego ha provocado el colapso del edificio, motivo por el que los agentes no pueden acceder a determinadas zonas para localizar las marcas de calor.

En estos grandes incendios también se toman imágenes aéreas para observar el grado de calcinación de los restos, el posible movimiento de las llamas o la dirección del viento.

La Policía Nacional también acude a los incendios domésticos en aquellos casos en los que no está muy claro el origen del fuego.

Hay siniestros estacionales: en la época navideña son comunes los fuegos provocados por recalentamiento de las bombillas de colores de los árboles de Navidad que, en muchas ocasiones, se venden sin homologación.

En cambio, en verano, los problemas surgen con las barbacoas en chalés y urbanizaciones. "Se tiene tendencia a decir que todos los fuegos domésticos los producen cortocircuitos, cuando no es cierto", asegura el inspector Rodríguez Pascual, quien no obstante recomienda que todo el material eléctrico que se use en casa, como enchufes o regletas sean de calidad porque si no se corre "un grave riesgo de incendio".

En lo que concierne a la actividad de pirómanos y enfermos mentales atraídos por el fuego, los expertos en la lucha de incendios forestales y los psiquiatras discrepan de si la emisión de imágenes impactantes de incendios forestales o de las tareas de extinción del fuego pueden originar un efecto de "mimetismo" entre este colectivo, y generar así una oleada de fuegos. Eso sí, añaden que "el efecto llamada conviene combatirlo, pero hay que contraponerlo con el derecho a la información y a la transparencia".

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