Los haitianos oran por sus muertos

  • En un país todavía asolado, la ONU intenta evitar una nueva tragedia ante la llegada de la temporada de lluvias

Miles de haitianos acudieron ayer a numerosas ceremonias religiosas por todo el país para orar por sus muertos al cumplirse un mes del seísmo que azotó la capital y que ha causado al menos 217.000 muertos y 300.000 heridos. Además, 1,2 millones de personas perdieron sus hogares y quedan más de 700.000 sin refugio adecuado. Esta última cifra es la que causa más indignación y la mayor preocupación de los cooperantes que asisten impotentes a una situación que puede empeorar y tener consecuencias catastróficas si no cambia radicalmente.

El gentío se agolpaba en el exterior de decenas de iglesias de Puerto Príncipe y en otros lugares habilitados como zona de culto, mientras las actividades cotidianas se paralizaron por la jornada nacional de luto. Fedner, un hombre de mediana edad que asistía a una de las ceremonias subido en una camioneta junto a dos amigos, recordó que "muchas personas murieron y las familias no encontraron los cuerpos. Todavía hay gente bajo los escombros". "Hasta ahora no ha habido ceremonia (funeraria), así que hoy -por ayer- es un día importante, una fecha que quedará en la memoria de todos los haitianos", añadió.

Muchos no pudieron siquiera enterrar a sus familiares y seres queridos, de los miles que acabaron en fosas comunes, ni tampoco celebrar sus honras fúnebres. Bertrand, compañero de Fedner, dijo que esta conmemoración no reemplazará los actos fúnebres que no pudo celebrar para despedir a los familiares que perdió y que fueron dos hermanos, una hermana, una tía y un sobrino.

Entre la multitud que asistía a las actividades conmemorativas predominaban las ropas de color negro, en señal de duelo, y blanco, color propio de los actos fúnebres en este país, tal como pidió el Gobierno de Haití, que convocó a los ciudadanos a vivir en un ambiente de "consenso" los actos de ayer.

La ceremonia principal, bajo una carpa profusamente decorada con flores, tuvo lugar en la escuela de Enfermería de la Universidad de Notre Dame, sector Este de la capital, con la asistencia del presidente, René Préval, el Gobierno, representantes diplomáticos y personalidades. Mientras, en Petit Goave, en Jacmel, en Léogane y en otras localidades que padecieron directamente el terremoto de siete grados se llevaron a cabo también actos religiosos.

Al tratarse de un día no laborable apenas circulaba gente por las calles de Puerto Príncipe, casi vacías en comparación con la situación de un día cualquiera. Sólo se mantuvieron los habituales mercadillos callejeros, aunque sin apenas público, así como el reparto de ayuda humanitaria. Incluso en las zonas donde habitualmente existe una gran congestión de tráfico, éste era ayer fluido. Muchos haitianos cerraron al tráfico amplias zonas de algunas calles con piedras y restos de los edificios que quedaron en ruinas y que aún bloquean el paso en varias calles.

Por su parte, las agencias humanitarias de la ONU se lamentan de que no se hayan resuelto los problemas más acuciantes de alojamiento y saneamiento y temen una nueva catástrofe con la llegada de las lluvias. "Tenemos que entender una cosa, esta catástrofe no se puede comparar a ninguna otra que hayamos conocido antes. Hemos tenido que hacer frente a una situación de casi total destrucción de Haití", aclaró ayer la portavoz del Programa Alimentario Mundial (PAM), Emilia Casella. La singularidad de la tragedia de Haití es el argumento usado para explicar por qué, a 30 días del terremoto, la situación dista aún de estar razonablemente bajo control. "Es difícil de creer que cuatro semanas después tantas personas vivan todavía bajo las sábanas en los campamentos y en las calles", señaló el presidente internacional de Médicos Sin Fronteras.

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