Los obispos serán responsables de los curas pederastas

  • El fiscal vaticano arremete contra la "cultura del silencio, enemiga de la justicia"

Los obispos, acusados de haber mirado hacia otro lado en los abusos sexuales en la Iglesia católica, deben ser considerados responsables de la conducta de los curas bajo su autoridad, afirmó ayer el fiscal del Vaticano encargado del expediente de la pederastia.

"Una vez que se imponen unas reglas, se deben respetar", afirmó el monseñor Charles Scicluna, dirigiéndose a los cerca de 5.000 obispos de todo el mundo reunidos en un simposio, y reconoció que la "cultura del silencio", "enemigo de la verdad y la justicia", sigue vigente en partes de la Iglesia.

La grave "negligencia" o la "maligna intención" de un obispo frente a un caso de pederastia es "un crimen" en términos de derecho canónico, insistió. No pueden escudarse "en complejidades técnicas de la ley", subrayó Scicluna.

Al responder a las recurrentes preguntas sobre la ausencia de sanciones automáticas contra los obispos que cubren a los sacerdotes pedófilos, el prelado maltés indicó que sólo el Papa, quien los ha nombrado, podía castigarlos.

Recordó el rigor de Benedicto XVI, con el que colaboró en el pasado en la Congregación para la Doctrina de la Fe, e insistió en la importancia de la juiciosa selección de los nuevos obispos.

Unos 4.000 casos de abusos sexuales perpetrados en las últimas décadas por obispos y laicos que trabajaban en instituciones de la Iglesia han sido comunicados a sus servicios en los diez últimos años. Mil casos, la mayoría antiguos, fueron transmitidos en 2010 y 2011, procedentes principalmente de Europa, donde la revelación del escándalo es más reciente que en EEUU. Tan sólo "un mínimo porcentaje" de casos señalados resultaron carecer de fundamento, reconoció.

En un esperado discurso ante representantes de 110 conferencias episcopales y 33 órdenes religiosas en la Universidad Gregoriana, el prelado preconizó el respeto de las reglas dictadas por Juan Pablo II y luego por Benedicto XVI. Citó a "tres enemigos de la verdad": la cultura de "la ley del silencio", "el hecho de negar deliberadamente les hechos conocidos" y "la preocupación desplazada que la reputación de la institución deben gozar de prioridad absoluta".

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