CRÍTICA VIDEOJUEGOS

Jugando sobre ruedas

Forza Motorsport 3 | Turn 10 | +3 | 59´95€ | Xbox360

Ante todo, sinceridad: el género de conducción no se encuentra ni de lejos entre los favoritos del que suscribe. Esto de avanzar sin más meta que la de adelantar al oponente, esto de no tener nada a lo que disparar, drama que resolver o moneda que conseguir, suele ser para un servidor un incentivo para acabar la partida tomando la dirección contraria y comprobando en indefinidos choques frontales hasta qué punto está conseguido el gráfico en el realismo de las abolladuras. Desde luego la detracción sistemática no es un mimbre sólido desde el que alcanzar una valoración más o menos objetiva de un juego. Sin embargo, también es el frontón perfecto contra el que lanzar un producto de calidad bien entendida: si el muro se conmueve, está claro que nos encontramos ante un juego excepcional. Felizmente, Forza Motorsport 3 no sólo ha conmovido el muro, sino que ha conseguido causar algún que otro estrago en el enladrillado.

Venía de una saga de ilustres, pero sin duda se confirma como una revelación esta tercera entrega, hoy por hoy el mejor juego de velocidad que podemos encontrar para cualquier plataforma. Si bien GTes la referencia a nivel mundial en cuanto a número de coches, circuitos y detalle gráfico, Forza Motorsport 3 no sólo apuesta por estos elementos (y los resuelve con nota), sino también por una afinada elaboración de la inteligencia artificial de los adversarios, capaz de hacernos creer que competimos contra corredores profesionales, y por un motor físico sumamente realista, con efectos de aceleración, frenado e inercia tan ajustados a las necesidades de juego del usuario, como al componente realista de la infraestructura del vehículo, desde su morfología más evidente hasta la calidad de los neumáticos instalados, sin dejar atrás parámetros como la tracción, la potencia, el peso o el ángulo de giro de las ruedas. El modo carrera del juego intercala el campeonato mundial con distintos eventos, a elegir siempre entre tres, con la consecuencia de un aumento exponencial del nivel cualitativo del piloto y del coche con cada prueba que superemos; algo que a su vez nos permitirá modificar y mejorar nuestro vehículo, comprar nuevos coches o acceder a carreras de mayor calado.

El hecho de que podamos diseñar nuestra propia experiencia de juego es sin duda un acierto claro del proceso de desarrollo: los amantes de la mecánica, e incluso del diseño, podrán valorar y decidir exactamente con qué piezas o elementos gráficos quieren mejorar sus vehículos, mientras que a los neófitos les bastará con elegir la opción de mejorar automáticamente en función de los fondos disponibles, si no desean llevarse horas asimilando información para poder decidir. Algo similar ocurre durante las carreras, en las que el jugador decide si prefiere jugar a un verdadero simulador (en cuyo caso los desperfectos del vehículo son aplicados a la dificultad), o bien preocuparse únicamente de acelerar, frenar y girar en las curvas. A esta experiencia de inmersión viene a sumarse una cierta vocación didáctica en la exposición de datos en los interludios, y el montaje de sonido, uno de los más realistas que jamás se han presenciado en un juego de carreras, tan cuidado en el sonido ambiente como en la locución de los comentarios y en el aspecto musical, radicado en un pachangueo electrónico totalmente apropiado a la atmósfera de tensión lúdica de cada carrera.

No cabe duda de que nos encontramos ante uno de los mejores juegos de carreras de la nueva generación, sólo parangonable con el GT5 Prologue de PS3, y aunque aún le queden algunos aspectos epidérmicos por mejorar (por instalarnos en el perfeccionismo, desde aquí sugeriríamos la adición de carreras nocturnas o con mal tiempo), Forza Motorsport 3 consigue hacer disfrutar carreras de un alto nivel de diversión y complejidad. Todo un reto para los amantes de los simuladores, un excelente primer plato para los que quieran iniciarse en el mundo de las carreras… y una agradable sorpresa (voto a tal) para los detractores del género.

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