500 Hormigas

  • Mel Gibson es el invitado del especial de hoy de ‘El hormiguero’, en el que habrá muchas sorpresas y una ‘performance’ acrobática

“Vete a dormir, ya no des más el tostón y a pegar mocos en el colchón. Estás muy cansado, tienes los ojos rojos, tienen sueño hasta tus piojos. Vete a dormir, ya no pintas nada aquí, y no te olvides de hacer pipí, ¡pipí! Vete a dormir, vete a dormir, que tus padres quieren vivir”. Es el himno de El hormiguero,  el programa de Cuatro que consigue reunir todas las tardes-noches frente a la tele a toda la familia. Cosa que pocos espacios consiguen ya. Invitados de lujo, humor blanco y un par de hormigas con los irreverentes nombres de Trancas y Barrancas. Si Los Simpson dejaran de ser una serie y se transformaran en espacio de entretenimiento, sería parecido a éste. Hoy cumplen 500 emisiones con la misma ilusión del principio. Y con Mel Gibson.

Pero, a estas alturas, poco sabemos de las entrañas de El hormiguero. Una curiosidad para abrir boca: la idea inicial de Pablo Motos era que fuera un late-night pero, al ubicarse en la actual franja horaria, él y Jorge Salvador, director de éste y realizador de recordados espacios como Crónicas Marcianas, se inventaron la canción del final, que fue lo primero que tuvieron sobre papel del proyecto. Sobra decir que fue durante el transcurso de una intensa velada en la que no faltaron los buenos vinos, el queso y los embutidos. Una noche de ‘exaltación de la amistad’ en toda regla, vamos.

Son las ocho de la tarde y el público empieza a llegar al edificio Telson, en el número 516 de la calle Alcalá. La mayoría son gente joven y a muchos de ellos, como señala una redactora del equipo, les gusta tanto la experiencia que han repetido ya varias veces. Aunque para eso tienen que esperar bastante, a pesar de ser diario el programa, ya que la lista de espera para asistir como público es de dos meses. Una vez dentro, uno entiende el porqué de tanta expectación y del merchandising brutal. A las nueve, el plató es una fiesta. El regidor, Suso, ha dado las instrucciones y el programa está a punto de arrancar. Pablo Motos sale de su ‘encierro’ en su camerino y se presenta. La gente se ríe a carcajadas viéndole replicar al regidor.

Hoy les toca a Flipy, Raquel Martos, José Juan Vaquero y a Marron, quien, para lucir como una criatura de Avatar, lleva cinco horas en maquillaje. Mientras va impregnando de pintura azul todo lo que toca, enseña la cola que le han confeccionado con un trozo de manguera y se ríe. En pantalla, sin embargo, no se le nota nada.

Completan el equipo, capitaneado por Pablo Motos, Jandro, Toño, Luis Piedrahita y El hombre de negro. Sin olvidar a las auténticas “protagonistas”, según Pablo Motos: Trancas (Juan Ibañez), la hormiga socarrona, y Barrancas (Damián Molla), la bonachona. Ellas son el ‘alter ego’ de sus creadores. “Trancas es más cabrón. Es irónico, vacilón, con más carácter.  Y con Barrancas sucede igual. Da un aspecto más sensible, pero en el fondo es la peor de las dos”, asegura Damián antes de meterse debajo de la  mesa que ya se ha convertido casi en su segunda casa. “Y a esto lo llaman trabajo digno”, dice al público. Los aplausos no paran. Un auténtico equipo de hormigas, por lo de afanadas, pone la guinda a un trabajo de más de doce horas realizando preparativos, montajes y guiones.

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