Manuel Rodríguez. Fundador de Cámara Cívica

"Juego de tronos' explica muy bien las dinámicas de poder"

  • La iniciativa de cuatro estudiantes se ha convertido en una empresa de difusión cultural sobre la interpretación política de series, películas o libros.

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Cámara Cívica, surgida desde el seno de la sevillana universidad Pablo de Olavide, es una empresa social que se dedica al análisis político y la divulgación a través de contenidos culturales, donde tienen un fuerte protagonismo las series de televisión. Películas, libros y series tienen varias lecturas posibles, pero con Cámara Cívica el trasfondo puede llegar a tornarse sorprendente. El objetivo por ofrecer servicios de divulgación de una forma original y amena surge en un piso de Florencia durante 2011, cuando Manuel Rodríguez Morillo y Pedro Nicolás Martínez, amigos y compañeros de Erasmus, se centraron en perfilar esta idea. La incorporación al grupo de Javier Álvarez García, que apostó desde un primer momento por la radio, y la propuesta de participar en un programa radiofónico para enseñar política a los jóvenes formaron el trampolín necesario que impulsó a estos jóvenes andaluces a enfrentarse a un micrófono y afianzar el proyecto. La llegada de María Luque Fernández y la consolidación de una amplia red de colaboradores convierten a Cámara Cívica en un soporte diferente que apuesta por acercar la política a través de la cultura. Manuel Rodríguez explica los objetivos de su firma y examina algunas ficciones relevantes.

-¿Qué es Cámara Cívica?

-Pretende ser una empresa social que ofrezca análisis político de calidad y servicios de divulgación. La gente está ahora más interesada en política, pero no se hace un contenido accesible ni interesante, que sea ameno. Nosotros adaptamos los análisis para que se puedan explicar en basa a películas, series y obras de consumo.

-¿Es Cámara Cívica una nueva manera de ver los contenidos audiovisuales y culturales?

-La idea que mejor funciona es la de adaptar esos análisis políticos alejándolos del contenido académico. Cuando estamos viendo a Batman, por ejemplo, no solo vemos a un superhéroe, sino que estamos viendo también una concepción de la sociedad. Las obras culturales de siempre pueden tener una nueva lectura para sacar nuestras propias conclusiones.

-¿Por qué ese nombre? ¿Tieene algún trasfondo político?

-Somos un grupo formado por politólogos, juristas, periodistas y contamos además con una red de colaboradores, donde participan personas de España, Italia y otros países. Cámara Cívica son dos palabras polisémicas. Cámara, como corte, congreso y cámara de foto o vídeo; y cívica porque está relacionada con la idea de formar ciudadanos. Ofrecemos esa formación polític para que la gente sea más activa y crítica.

-¿Qué temática suele ser la que más o mejor cultivan?

-Solemos hacer explicaciones de teoría política que siempre son más aplicables al contexto. El rey león, por ejemplo, transmite valores conservadores porque el ciclo sin fin tiene que producirse siempre; las cebras se arrodillan ante el león que se las va a comer. Cuando ves Harry Potter ocurre lo mismo, está la temática del racismo y de ahí el concepto de sangre sucia.

-¿Cualquier cosa tiene una lectura política?

-El movimiento feminista dijo eso de que lo personal es político. A partir de ahí todas las obras culturales se pueden interpretar en clave política o filosófica. Por ejemplo, Juego de Tronos. Se ha hablado mucho sobre la adaptación seriada. ¿Cuáles son los motivos que justifican su éxito? Nuestra lectura es que la gente ha entendido que Juego de Tronos explica muy bien las dinámicas de poder. La serie describe muy bien el sistema feudal, señores que se deben lealtad por el vasallaje y esas dinámicas son equivalentes a las que vivimos hoy con el relato alrededor del poder institucional. Por ejemplo, cuando Meñique y la Araña hablan de que les conviene que la gente obedezca a quien se siente en el Trono de Hierro; ya que nos interesa que se crean eso antes que obedecer. Debajo de la legitimidad simbólica, lo que hay es un juego de poder. Además, en Juego de Tronos vemos que está prohibido hablar mal del rey, actitud represiva pero ayuda a que el discurso oficial se mantenga ahí.

-¿Qué ve Cámara Cívica en series políticas como House of cards, Boss, más allá de la apariencia?

-House of cards, al igual que El Ala Oeste de la Casa Blanca se centran en el juego político del sistema parlamentario de EEUU. En ElAla Oeste todo funciona como un reloj: fervor patriótico, interés general y ética. En cambio, en House... los personajes juegan de otro modo; se basa en el realismo político: ganar poder y reducir sus amenazas. Se ve el juego que tiene el protagonista con los grupos de presión o los medios de comunicación. Te transmiten que los personajes que triunfan en ese terreno buscan el poder y eliminar amenazas.

-¿De una comedia también podemos extraer un análisis sociopolítico? Friends, por ejemplo.

-Claro, ya que se ve el estilo de vida urbano americano. Nueva York es como la gran metrópoli y cada personaje tiene su rol. Podemos establecer un paralelismo con el papel del ligón y el machito entre Joey y Barney de Cómo conocí a vuestra madre. Son formas de enfrentarse a las relaciones sociales y la sexualidad. Este tipo de series también ayudan a normalizar ciertos comportamientos. El modelo de mujer de Sexo en Nueva York: una mujer madura y soltera que no necesita ser ama de casa. Modern Family: son familias modernas, pero tenemos a una pareja gay en la que se da por supuesto que el rol femenino lo tiene Cameron porque es el que se encarga del trabajo doméstico.

-¿Cuál es la visión sobre Black Mirror? La miniserie británica de Charlie Brooker siempre invita a una reflexión profunda.

-Plantea un futuro cercano con una visión negativa del desarrollo tecnológico que va deshumanizando a la gente. En El himno nacional se ve cómo las personas se ponen en el lugar del ministro pero luego el vídeo se hace viral. Según algunos sociólogos las redes sociales nos permiten tener cientos de amigos pero relaciones de baja intensidad. En otro episodio se ofrece una sociedad del consumo y del espectáculo, donde la ideología dominante es la neoliberal. Se pedalea en una bicicleta para generar recursos para el sistema, los inútiles son despreciados y los que están en la bicicleta solo trabajan para llegar al éxito, que se representa en ese reality show. Un futuro distópico en el que la tecnología es maligna para la sociedad.

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