Paco y el Telefunken

  • Un antenista enviado a cortar cables en la Radio televisión Valenciana se negó a cumplir su misión y puso el punto berlanguiano al cierre.

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"Las cosas como son", anunciaba la empresa alemana sobre sus televisores en color, un pastón y una ilusión para las familias españolas de los años 70.  Y así son las cosas. La marca Telefunken, decenios después, volvía al primer plano de la actualidad, trending topic mundial ayer en Twitter, por un simple técnico que fue encargado como verdugo para que cumpliera por las bravas el apagón de la RTVV decretado a medianoche por el gobierno valenciano. Era Francisco Signes.  Es Paco El Telefunken, el mote por el que es conocido en Gata de Gorgos, una población alicantina de 6.000 habitantes que de esta manera se colocaba en el mapa porque su técnico de televisores, su antenista, se convertía en inesperado héroe nacional al negarse a primera hora de la mañana a practicar el corte de la emisión. Berlanga, uno de los grandes valencianos universales, no lo hubiera retratado mejor en una de sus películas. Este verdugo, pillado no en una cueva de Mallorca, sino cuando se iba a dormir el jueves, no hizo finalmente su trabajo.  Estaba acompañado por su sobrino, no por su suegro, y los guardias civiles se convirtieron en policías autonómicos, que le tuvieron 'protegido' durante seis horas en uno de los cuartos de invitados. Berlanga fue profeta.

En uno de aquellos fríos camerinos donde estuvieron Chabeli, Luis Mariñas o Belén Esteban en los momentos dorados de Tómbola, uno de los pináculos del despilfarro al que fue sometido la RTVV, se hallaba Paco esperando qué hacer. Un episodio de esperpento, mejor que cualquier situación de una telecomedia costumbrista, que saldó con dignidad el propio afectado.  "He venido a decir lo que se podía hacer",  había dicho en su entrada entre las miradas curiosas de los trabajadores encerrados.  En principio se le negó la entrada y en un segundo intento llegaba entre agentes a su cuarto de espera. A las nueve de la mañana lo explicaba ante los micrófonos tras haber estado 'macerado' en aquella estancia  que ya no volvería a estar surtida por  botellitas de agua y bocadillos. "Me pidieron un informe para cerrar el día que fuera. Tomo la decisión de que esto no se cierra hoy. Mi conciencia me dice que no se apague. Por los menos no seré yo. He decidido volver a casa viendo el cariz que toma todo", explicó en valenciano, a las nueve de la mañana, ante un reportero entre los aplausos de la redacción. Un arranque de conciencia para quien había recibido un encargo muy específico y peculiar de procedencia desconocida.

Paco El Telefunken se marchaba con la cabeza alta en la furgoneta donde le esperaba su sobrino, Pepe. Paco y Pepe, como si hubieran surgido del guión de una serie. Se marcharon sin cobrar. Berlanga sigue vivo.

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