El mundo descubre América

  • Las cadenas hispanoamericanas han producido más de 5.000 telenovelas que se han exportado a todo el planeta, un negocio que mueve 5.000 millones anuales

Patito feo o Alegrijes y rebujos para los niños. Rebelde way para los adolescentes. Cristal, La heredera, Pasión de gavilanes o Victoria (en la foto), para los adultos. Pero, en cualquier caso, mirando siempre a toda la familia, con una vocación universal, recogida de los folletines de toda la vida y clichés explotados desde la Antigüedad. Historias sencillas interconectadas, con graves dosis de amores y odios, de largo recorrido, frenadas o aceleradas a discreción, y concluyendo cada episodio en un punto emocionante, fabricado. Los seriales, conocidos con cierto aire despectivo como culebrones, han puesto en primera línea a la industria audiovisual iberoamericana, tras más de 5.000 prolongadas producciones. De México a Argentina, pasando por Brasil, Venezuela, Colombia... y los propios Estados Unidos. Sólo la industria norteamericana anglosajona mueve más dinero que estas propuestas elaboradas en castellano neutro, que se han exportado (con éxito) a todas las televisiones del mundo y con una fórmula adaptada en todas partes. Que se lo digan a Betty.

Productoras y canales facturan anualmente más de 5.000 millones de euros (medio billón de pesetas) en este negocio eficaz en Rusia, en Suráfrica, en los países árabes o en China. Ese poder de penetración no lo iguala ni las propias series norteamericanas. El mundo ha descubierto a América. A la América Latina que en materia de entretenimiento televisivo tiene todo el futuro por delante.

La producción de un capítulo de telenovela tiene un coste relativamente aceptable, en torno a los 60.000 euros por entrega, 10 veces menos que un episodio de serie española en prime time y 40 veces menos de lo que puede costar un episodio estadounidense. A su vez se venden por unos 9.000 euros la entrega. No es extraño que ya se esté planteando la deslocalización de ficciones para que se elaboren en la América hispana. La Fox estadounidense ya ha dado un primer paso y desde Antena 3 lo ha insinuado. También se ha iniciado una trayectoria con producciones más ambiciosas de presupuesto, como El Zorro, que no llegó a arrastrar multitudes en España.

tradición de 50 años

En este negocio de colocar cientos de capítulos para la fidelidad diaria, la rentabilidad está asegurada, aunque haya productos más exitosos que otros. Cada proyecto está avalado por la experiencia de medio siglo de producción de seriales. El próximo año la mexicana Televisa cumplirá 50 años de sus primeros culebrones, que son un sello de la casa, que cuenta incluso con canales temáticos para estas series. Sólo en la facturación de la venta de su producción propia al exterior le ha supuesto a la principal cadena de México más de 150 millones de euros de beneficios anuales. Ese superávit, por ejemplo, le ha permitido a esta empresa audiovisual convertirse en el socio capitalista de referencia de La Sexta. Los contenidos alternativos de la joven cadena española partieron de lánguidos o traumáticos diálogos, que a muchos les despierta una sonrisa maliciosa. Los culebrones sufren la parodia, incluso en anuncios, pero a casi todos los directivos televisivos les merecen un respeto los culebrones, aunque no los programen.

La audiencia andaluza se decanta en sus gustos por los seriales y en la franja de sobremesa se suceden con gran éxito, ahora con Ángel rebelde. La 1, desde los tiempos de Cristal, en 1990, mantiene su ración de culebrones en la sobremesa o tarde. Antena 3 y Telecinco han confiado también en el formato, para mañanas, tardes e incluso madrugadas, aunque con desigual suerte. Los seriales hispanoamericanos abrieron camino para las inspiraciones autóctonas. Líderes en sus respectivas franjas tenemos criaturas andaluzas como Arrayán y otras nacionales al estilo de Amar en tiempos revueltos. Desde Chiquititas a toda la gama mineral, del tráfico de bebés en la dictadura argentina en Montecristo al publirreportaje sobre las plantaciones de agave para hacer tequila en Destilando amor, la globalización se hace también en castellano.

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