Íker Jiménez. Director y presentador de 'Cuarto milenio'

"Hay temas tan malignos que soy yo quien decide no sacarlos a la luz"

  • Su programa nació a la vez que la cadena y es uno de los pocos espacios que se mantienen fijos en la parrilla dominical de Cuatro desde entonces

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Le gusta mirar al infinito y tener la cabeza llena de platillos volantes, pero, a la vez, presume de tener los pies sobre la tierra . Iker Jiménez es uno de los pocos presentadores que puede decir de llevar en antena el mismo tiempo que su cadena y, lo que es más difícil, hablando de temas que no tienen explicación. Su éxito, asegura, radica en tratar cada asunto con el mismo entusiasmo que cuando empezó.

-Lleva ocho años pilotando su nave del misterio en Cuatro con una audiencia más que respetable. ¡Usted sí que es un verdadero misterio en los tiempos que corren en televisión...!

-Desde luego. El mayor enigma del programa es su permanencia. Hace poco me pasaron unos datos que me dejaron de piedra. Somos el décimo programa en la historia de la tele que llevamos más tiempo de forma continuada en antena y, lo que aún me asombra más, el quinto con el mismo presentador. Las cadenas pueden apostar mucho o poco por un determinado programa pero, al final, es el público quien te pone o te quita. La gente es insobornable.

-Lleva más de 20 años hablando de misterios. En su hemeroteca guardará cientos de temas, pero ¿Hay alguno que le haya influido de una manera especial?

-De niño leí un libro de ovnis que me marcó y, casualmente, a los pocos días, en mi ciudad hubo una visión de este tipo. Cogí mi bicicleta y me colé con mi primo a investigar el tema entre tanta gente grande que miraba al cielo. Me di cuenta de que aquello marcaría mi vida. Cuando te ocurre algo así te quedas ligado por siempre con ese tema. Por eso mi inquietud personal sigue allí. Hay muchas experiencias que me han marcado en mi carrera y que no sabría explicar por qué. Pero de todas, la más destacada me ocurrió hace cinco años, cuando tuve la oportunidad de entrar, solo, en la verdadera cueva de Altamira. Sólo te puedo decir que el Iker que salió de aquella cueva fue otra persona. Aumentó mi curiosidad y fue para mí un bautismo con lo insólito.

-De su gusto por los ovnis hay pruebas gráficas en su página web, donde ha colgado las fichas que elaboraba cuando tenía sólo 11 años. ¿Le sigue quedando algo de aquel ufólogo prematuro?

-Sí. Ese es mi gran reto personal. No desconectarme con ese niño que iba en bicicleta. Seguir manteniendo el mismo entusiasmo por cada cosa que investigas para poder contarlo luego a los demás. Desgraciadamente, la televisión es tan poderosa y tiene tantas presiones que te puede convertir en algo que no eres. Crea auténticos esclavos del sistema y del éxito. Por eso, en esos momentos de vorágine, me gusta pensar en ese joven ufólogo y recordar el esplendor de algo que creía mágico. La gente tan seria y tan mayor no me gusta. Prefiero seguir teniendo la fantasía de que todo es posible.

- Con tantos años de profesión, seguro que todavía le queda algún tema que le gustaría tratar y que, por alguna circunstancia, siempre se le queda en el tintero

- No creas que hay tanta censura como parece. Afortunadamente, los sectores que antes eran mundos herméticos, como el militar, comienzan a tener cierta apertura, aunque sigan manteniendo algunos secretos. Ahora, desde el ámbito intelectual al científico no teme ser ridiculizado ni tiene miedo a hablar de determinados temas. Existe una apertura de miras. Más bien soyo quien se impone su propia autocensura. Hay temas tan malignos (porque estoy convencido de que el mal existe y actúa) que soy yo el que, si el caso no aporta ninguna luz y sólo se regodea en el morbo, decido no publicarlo.

- Dice rotundo que el mal existe. ¿Es que alguna vez ha tenido la sensación de que en su nave no viajaba sólo? ¿Ha vivido alguna experiencia sobrenatural en el plató?

-El plató no deja de ser una extensión del trabajo donde, además, se está muy a gusto. Pero rodando reportajes, viajando.. sí he tenido esa clara sensación de misterio por la que me preguntas. Hay cosas incomprensibles que te marcan. Pero ninguna tan importante como la de Altamira que te comentaba antes. Ahí supe que lo extrahumano, Dios..., ponle el vestido que quieras, está aquí. Es algo que te convulsiona porque no sabes vertebrarlo. Otra experiencia reciente la tuve el año pasado cuando viajaba en coche con mi mujer y mi niño pequeño. Viví una de esas sensaciones que te dejan cara de tonto cuando, emergiendo delante nuestra, a unos 500 metros de altura, vimos claramente la figura de un ovni. Es una experiencia que te pone el corazón en la boca y que llegó sin buscarlo.

-¿Alguna vez ha tenido que dejar a medias una investigación al darse cuenta que se trataba de un camelo?

-Sí, claro. Aunque no hay tantos engaños como fallos de percepción. Por ejemplo, te diré que de las más de 1.000 fotografías que hemos analizado sobre supuestos misterios, hemos dado solución a unos 950. La gente, realmente, cree que ha visto tal o cual figura, pero nosotros solemos dar una explicación lógica a su percepción. Cuanto más escéptico y racional eres, siempre existe algo que te reconcilia con todo esto. Yo, personalmente, creo más en el misterio que antes.

- ¿Cuánto tiempo se necesita para preparar un reportaje de Cuarto Milenio y qué tipo de puertas son las más reacias a abrirse para analizar este tipo de asuntos?

-Hay distintos temas. Unos cercanos y de actualidad, que no requieren mucha profundidad, y otros que tienen una investigación larguísima. Hay incluso temas que no han salido porque son terroríficos y soy yo el que no quiere que salgan.

-¿Eso, además de autocensura, puede ser también miedo?

-Después de mi experiencia en Altamira, huyo de lo más primario. Si de esos temas tan terroríficos pudiera sacar algo de luz, quizá los sacaría, pero no es el caso. Quizás ahora tengo más miedo que antes porque mi vida ha cambiado. Soy de los que piensan que en la tele no todo vale. El miedo por el miedo no me interesa, aunque lo demande mucha gente. Quiero otros temas más luminosos y que puedan calar en la gente. No quiero ser mensajero del miedo.

-Su programa se ha convertido también en un filón en las redes sociales, donde genera cientos de comentarios cada domingo. ¿Cómo se llevan los mensajes que se toman a mofa su trabajo?

-La gente en las redes sociales opina de lo que quiere y como quiere. Y eso está bien. Yo tengo un gran espíritu deportivo y, tanto esos comentarios que dices como los scketches sobre mi programa, me los tomo con humor. Por fortuna, desde joven he recibido muchos palos del sistema y los comentarios no los tomo demasiado en serio porque soy consciente de lo que hago. Trato un tema que es idóneo para hacer chistes. Si fuéramos un programa plano nadie nos imitaría. ¡Cómo voy a tomarme mal estos comentarios! Soy consciente de que soy un tipo peculiar.

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