Abellán, triunfalista salida a hombros

sexta corrida de la feria del toro de pamplona Ganadería: Corrida de Fuente Ymbro, de desigual trapío y comportamiento. Los mejores, primero y cuarto. TOREROS: Miguel Abellán, de blanco y plata. Estocada (oreja). Estocada (oreja con petición de la segunda). Miguel Ángel Perera, de verde y oro. Estocada y descabello (palmas). Media (silencio). Iván Fandiño, de gris perla y oro. Estocada (silencio). Tres pinchazos y estocada (silencio). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Pamplona. Viernes, 10 de julio de 2015. Lleno. Miguel Abellán salió a hombros.

Durante la presente temporada, en las grandes ferias y plazas -como en Abril en Sevilla o San Isidro en Madrid- ya se han vivido las rebajas a la hora de conceder trofeos. Rebajas de julio que continúan en el coso de Pamplona, como la salida a hombros de Miguel Abellán por una actuación en la que prevaleció el toreo accesorio sobre la pureza.

Abellán, quien contó con el mejor lote de un encierro de Fuente Ymbro de desiguales hechuras y variado juego, cortó una oreja a su primero, un toro bajo que derrochó bravura y nobleza y ante el que realizó un trasteo muy pendiente de cara a la galería. Tras recibirlo de rodilla y hasta con tres largas cambiadas, centró la atención del personal con un muletazo por la espalda escalofriante en los medios. De pie, labor entonada por ambas manos en la que faltó reposo. Mató de estocada y cobró el primer trofeo.

Con el manejable cuarto realizó un trasteo largo y desceñido en el que provocó el delirio en el cierre, de rodillas, dirigido a la galería -en esta plaza, el mocerío- y desplante a cuerpo limpio. Manoletinas, de pie y hasta de rodillas, para matar de estocada y recibir otra oreja.

Miguel Ángel Perera, con el peor lote, apenas tuvo opciones para el lucimiento. Le queda otro compromiso en este ciclo. El pacense, que ya impresionó en su turno de quites en el primero con unas gaoneras ceñidísimas, cumplió ante el segundo, un colorao de enorme arboladura, bastote y sin cuello, que acometió con movilidad, pero sin clase. La mayor virtud del diestro estuvo en el mando y el dominio. Precisó de un descabello tras una estocada a cambio de la que recibió un pitonazo en la mano izquierda. Con el descastado quinto, imposible para el lucimiento artístico, la labor de Perera no tuvo eco.

Iván Fandiño estuvo a punto de conseguir un trofeo y se la jugó de verdad en el quinto, al que estuvo a punto de cortar una oreja. El orduñés no se centró con su primero, que al inicio de la lidia perdió varias veces las manos y llegó paradote y soso para un trasteo deslucido y breve en el que el torero se desanimó pronto.

Sin embargo, con el manso y complicado sexto, que de salida quiso saltar al callejón, Fandiño dio la talla. El toro, alto y con buenas dagas, se metía por dentro. Y el vasco, tras un comienzo con un pase cambiado por la espalda, en un cite con la diestra, fue empalado por la pierna derecha, cayendo brutalmente sobre la espalda, para partirse en dos. La fiera le propinó una paliza brutal y Fandiño, con el semblante ensangrentado, volvió a la cara del toro, sin chaquetilla, como si nada. Con el astado entablerado y escarbando, arrancó muletazos por ambos pitones. Merecía un trofeo, que no ganó por fallar con la espada.

Espectáculo en el que escaseó la calidad. De nuevo, se impuso el triunfalismo imperante habitual durante esta temporada y Miguel Abellán, con un lote que mereció más, mucho más, salió a hombros de la plaza de Pamplona.

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