Antonio Domecq se despide del toreo ecuestre en el albero maestrante

  • El jinete jerezano pone punto final el próximo día 8 de mayo a una trayectoria profesional nada fácil pero que ha cuajado de triunfos, y cierra, por ahora, la brillante página de los Domecq en el rejoneo

El 8 de mayo se va de los ruedos una figura del rejoneo -cuarto eslabón de la dinastía Domecq en el campo de la lidia ecuestre- a lo grande, en la Real Maestranza.

Punto final a una brillante carrera de indiscutibles triunfos aunque el torero elude con humildad repasar su palmarés: "por recordar no quiero que nadie se sienta ofendido: ni Jerez, ni Madrid, ni Sevilla… cualquier pueblo de Cádiz o España entera. El recuerdo que me llevo es el cariño que me ha dado la gente en todos los sitios en que he toreado y que no solamente he sido yo el que ha enseñado o aportado algo sino que también me han enseñado y dado mucho".

Pero no ha sido una carrera fácil. Lo primero era estar a la altura de apellido Domecq en los ruedos: "Lo importante en la vida es que las cosas no te las regalen, te lo tienen que poner difícil para tener ilusión y afán de superación. Gracias a Dios no lo he tenido fácil y he demostrado que la ilusión que tenía en ser figura del rejoneo se ha cumplido. Hemos sido cuatro jinetes, cuatro rejoneadores, cuatro toreros en casa y distintos, cada uno con su personalidad, pero dándole el señorío, el arte y la fortaleza que siempre ha habido en casa". Y si hay que ponerle un adjetivo a cada uno: "a mi abuelo el temple, a mi tío Álvaro el coraje y el valor de la lucha, a mi hermano Luis la personalidad y el arte porque ha sido muy puro, y de mí la ilusión, las ganas y la fortaleza de no querer quedarme atrás".

A punto estuvo. Un día se encontró sin cuadra, que fue incendiada: "son cosas que pasan. Volvimos a salir con mucho sacrificio. En ese momento la cuadra era una gran cuadra. Pero todas las dificultades que te encuentras en la vida enseñan. Aquello me enseñó a seguir luchando, a darle más importancia si cabe a las cosas".

Y otro día nos encontramos sin rejoneador. Antonio sufrió un accidente en el campo acosando y volvió a empezar absolutamente desde cero: "también vino bien. Quizás por mi juventud era un poco más arriesgado, toreaba de una manera que le llegaba más pronto a la gente. Aquello me hizo reflexionar y después de ese percance he intentado llevar a la plaza lo que hago durante todo el año, el trabajo en el campo cuando se mueve el ganado. Aquello me hizo pensar en las querencias de los toros e hizo que, como rejoneador, quisiera dar a conocer a la gente lo que es el toro y en esos breves momentos en que está en la plaza, amoldarlo".

Termina una gran carrera en la que ha "puesto" grandes caballos a base de trabajo y cariño: "caballo importante en mi vida ha sido Caribe, un caballo de salida que ha sido súper decisivo para mí en los momentos más difíciles, que era justo cuando yo empezaba. Siempre ha estado a mi lado y apoyándome. Para mí el caballo de salida siempre ha sido esencial, era el que amoldaba al toro para poder sacar los caballos importantes después. Me han conocido con Desplante y Espléndida, dos caballos muy de mi forma de torear. Desplante por su elasticidad, belleza y esas piruetas que daba en la cara del toro y Espléndida por ese genio y transmisión que me hacía llegar pronto a la gente. Otro caballo súper importante fue Óleo, que se quemó, y que ha hecho de mí que fuera un gran rejoneador tanto personal como profesionalmente".

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