Castella vuelve a impresionar en La México, pero falla a espadas

GANADERÍA: Toros de Los Encinos y de Los Ébanos, de juego desigual, protestados. TOREROS: Sebastián Castella,,silencio, ovación y ovación. Rafael Ortega, palmas, silencio y división. INCIDENCIAS: Plaza Monumental de México. 26.000 espectadores.

No hubo orejas en la corrida del 64 aniversario de la inauguración de la Monumental Plaza México, festejo que tuvo facetas interesantes y que pudo terminar en forma triunfal si no falla con la espada el diestro francés Sebastián Castella, que no coronó otra faena que caló mucho a la afición con un toro de regalo. Mientras, el mexicano Rafael Ortega tampoco pudo redondear una labor triunfal y resultó con una cornada en el muslo derecho al ser alcanzado por el quinto de la tarde.

Con una magnífica entrada, con un clima estupendo, pues fue una noche sin frío -todo lo contrario, con una temperatura agradable que contrastó con los inciertos días anteriores en los que llovió de forma inusual- se lidiaron en total siete toros de Los Encinos y dos de Los Ébanos. El cuarto toro fue protestado y salió el primer sobrero del hierro original. El sexto de la tarde, el mejor del encierro, se inutilizó y fue sustituido por uno de Los Encinos, con poca presencia que fue protestado y finalmente pasó a los corrales, aunque Castella, debió haberlo matado. Regaló otro del mismo hierro con más cara y mejor rematado.

Ortega, en el primero estuvo en torero, pero el astado sin transmisión no provocaba emoción. En el tercero igualmente voluntarioso en los tres tercios, otro toro soso que no le dejó redondearlo. Con el quinto, empezó bien, pero el trasteo se le cayó a media faena y el toro lució más. Lo prendió de fea manera y regresó herido para matarlo de superior estocada.

Castella, con el segundo estuvo en lo que es. Una faena de mucho mérito y sacándole el mayor partido a su enemigo. Por desgracia falló con la espada. Con el sustituto del cuarto, áspero el animal y muy torero el galo, pero tampoco logró redondear el trasteo. Mató de estocada baja. El sexto parecía el mejor, con buena clase, al salir de un puyazo clavó los pitones en la arena y dio una vuelta de campana, rompiéndose la mano derecha. El sustituto provocó la bronca. No lo mató Castella como era su deber, pero el juez no lo sancionó. El toro se fue al corral y salió uno de regalo. El francés lo toreó muy bien con el capote y le cuajó la faena de la tarde para enderezar el festejo. Castella es del corte que gusta y podrá ser un ídolo en México. Con las orejas en la espuerta, pinchó. Tres descabellos y todo quedó en ovación al abandonar el coso, pero sin trofeos por culpa de la espada.

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