El Cordobés, Rafaelillo, El Fandi y Cayetano, máximos trofeos en Murcia

  • Ponce, Hernández y Conchi Ríos también triunfan en el festival benéfico contra el cáncer

El rejoneador Leonardo Hernández cortó las dos primeras orejas del tradicional Festival contra el Cáncer que se celebró ayer en el coso de la Condomina de Murcia. La afición murciana se volcó de nuevo con la causa y la plaza casi se llenó en su totalidad. El rejoneador extremeño puso en liza su magnífica cuadra.

El segundo de la tarde, con el hierro de Lagunajanda, resultó colaborador pero con sus teclas que tocar. Lo entendió Enrique Ponce a la perfección, en una faena en la que brilló especialmente en el arranque, con un cambio y un natural eternos, y en el final de trasteo, en el que el valenciano impuso su técnica ante un astado que no fue fácil. Tras el espadazo final, también paseó el doble trofeo.

El Cordobés reaparecía tras una inoportuna lesión de cadera y pareció no acusar la inactividad. Derrochó la alegría, entrega y pundonor de siempre, en una faena brindada a su hija Alba. No faltó el repertorio marca de la casa para acabar cortando los máximos trofeos.

Rafaelillo no se quiso quedar atrás en casa y le cortó el rabo al buen cuarto de Lagunajanda. El torero murciano dejó la mejor versión de su tauromaquia, por momentos toreando muy templado, especialmente en una magnífica tanda de derechazos. Mató a su oponente de una muy buena estocada.

El quinto fue un toro que tuvo la virtud de la movilidad pero que pecó de falta de clase a la hora de tomar las telas. El Fandi pisó el acelerador desde el primer minuto, cuajando un tercio de banderillas más vibrante que acertado. La faena, de torero honrado y presidida por la entrega.

No tuvo suerte en el sorteo Cayetano. Pechó con el que fue de largo el ejemplar más deslucido y complicado de la tarde. Abrevió y tras estoquearlo pidió a la presidencia el sobrero.

Conchi Ríos se las vio con un toro que no le ofreció facilidades. Bronco y áspero en sus embestidas, sin acabar de rebozarse en la muleta, el de Lagunajanda puso a prueba a la novillera murciana, que siempre dio la cara con arrojo y la voluntad de no defraudar en el compromiso. Tras fallar con los aceros, fue premiada con una oreja. El que cerró el festejo fue un ejemplar de Las Ramblas que se lidió como sobrero de regalo.

Cayetano salió decidido ante un gran toro que se movió con clase, ritmo y duración. El menor de los hermanos Rivera lo recibió de rodillas en una faena que si bien le faltó rotundidad tuvo emoción.

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