Diego Ventura y la melodía torera de 'Orobroy'

  • El rejoneador sevillano, que corta dos orejas, roza la Puerta Grande en el cierre de la Feria del Pilar · Andy Cartagena consigue un trofeo y Álvaro Montes, en blanco

GANADERÍA: Toros de Fermín Bohórquez, que en su conjunto dieron buen juego. TOREROS: Andy Cartagena. Medio rejón defectuoso (saludos). En el cuarto, rejón (oreja con petición de la segunda). Álvaro Montes. Pinchazo, rejón y dos descabellos (vuelta con algunas protestas). En el quinto, medio rejón, rejón y dos descabellos (silencio). Diego Ventura. Rejón (oreja). En el sexto, dos pinchazos arriba y un rejón (oreja). Incidencias: La Misericordia. Última del Pilar. Domingo 18 de octubre. Lleno. Felipe Campuzano amenizó al piano varios pasajes de la lidia.

El rejoneador Diego Ventura se alzó como triunfador en el último festejo de la Feria del Pilar de Zaragoza. Cortó dos orejas -al igual que en su última actuación en la plaza de la Misericordia el pasado 23 de abril- y rozó la Puerta Grande ayer -en el coso Pignatelli se precisan tres trofeos para abrirla-. Viendo la agilidad del torero sevillano, difícilmente se podría intuir que llegó a la plaza de la Misericordia lesionado y que dentro de unos días pasará por quirófano. De su completa actuación, lo mejor llegó en el sexto, un toro manejable. Sorprendió con Orobroy, un caballo valioso, oro puro, de muchos quilates, precioso, que impactó en el público por su valor. Escalofriantes los dos quiebros, en los que esperó lo indecible, saliendo herido del primer envite. Ventura, muy entregado, aderezó también su faena con momentos espectaculares y cerró con un vibrante pasaje con banderillas cortas. El público, rendido, solicitó las dos orejas en una faena que fue premiada con una por el desacierto con el acero -precisó de dos pinchazos, arriba, y un rejón-. Con el mansísimo tercero, muy parado y que fue orientándose a medida que se sucedía la lidia, consiguió los instantes más brillantes montando a Maletilla, que de salida llegó a parar al astado con una agilidad proverbial, como si sus cuartos traseros se convirtieran en capote y dibujara medias verónicas. La labor correcta, a la que le faltó emotividad por la sosería del animal, estuvo rematada por un rejón y fue premiada con una oreja.

Andy Cartagena también acudía lesionado a la última cita grande en la presente temporada. El alicantino consiguió un trofeo del cuarto, un buen toro, tras una faena marcada por el temple. Toreó muy bien de salida al astado. Con Maravilla hizo las delicias del público, con piruetas en la misma cara del toro y también a la hora de clavar dos banderillas al violín. Sobre Pericalvo, un caballo muy elástico, conocido por su espectacular balanceo, prendió con acierto, llegando mucho al tendido al clavar banderillas cortas al violín. Mató de rejonazo. El público solicitó dos orejas y la presidencia le premió con un trofeo. Con el manejable que abrió plaza brilló montando a Magno. Tres de sus monturas, entre ellas la citada, fueron tropezadas, afortunadamente sin consecuencias.

Álvaro Montes no tuvo su día. Con el segundo de la tarde, el mejor del encierro, un gran toro, de excelsa nobleza, consiguió los mejores momentos en un espectacular y campero comienzo, corriendo de salida al toro con garrocha. Erró con los aceros y el premio quedó en vuelta al ruedo. Con el buen quinto, concretó una labor correcta, de nuevo mal rematada con los aceros.

En un festejo en el que Felipe Campuzano acompasaba pasajes con su música, sorprendió Diego Ventura con su Orobroy, que al igual que la melodía de piano del mismo nombre, sonó a música celestial, a caballo de oro que se consagrará dentro de esa mágica cuadra del rejoneador sevillano.

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