José Tomás y Manzanares ponen el broche de oro a la temporada de Bogotá

  • Se lidió un buen encierro de la ganadería de César Rincón, sobresaliendo el toro sexto por su bravura y gran clase

La última corrida de la temporada taurina de Bogotá se saldó en la tarde del domingo con éxito, papel acabado y grandes faenas de José Tomás y Manzanares y del local Pepe Manrique, ante un buen encierro de César Rincón.

Se lidiaron toros de Las Ventas del Espíritu Santo, bien presentados. Un conjunto bueno, aunque tuvieron poca fuerza algunos, y se rajaron los dos primeros por justeza de raza. Destacaron el suave tercero al que se dio la vuelta al ruedo en el arrastre; el cuarto, el dulce quinto, aunque blandeó, y el sexto, bravo, de gran clase.

Pepe Manrique: Pinchazo y entera (palmas) y gran estocada (oreja). José Tomás: Dos pinchazos, tres descabellos (ovación tras aviso) y entera sin puntilla (dos orejas). José María Manzanares: Estocada fulminante (dos orejas) y pinchazo y estocada (oreja).

Pepe Manrique fue muy sólido. Templado y con empaque ante un toro con transmisión en las dos primeras series pero que se rajó pronto. El chorreado, que hizo cuarto, tuvo poca raza, como el conjunto de la corrida, pero sus embestidas suaves brindaron a Manrique de mostrar la calidad que atesora.

José Tomás se quedó quieto en cada muletazo. El toro metía bien la cara pero la echaba, al final del pase arriba desluciendo algo las series, sin permitir ligazón cabal. Tuvo emoción la faena, sobre todo hacia el final en que, en los medios, aguantó y ligó. Al matar perdió lo conseguido. Poca estabilidad tenía el quinto al que Tomás intentó torear con la misma dulzura que tenía el toro. Consiguió meter al público en el canasto, renuente por la blandura del toro. La faena fue pausada y de menos a más, sin mucha emoción quizás, pero sutil, templada y rotunda.

Manzanares toreó con la suavidad que requería el tercero, algo falto de fuerza y de continuidad en sus embestidas. Los muletazos siempre fueron limpios, templados, estéticos. Se pasó al toro cerca sobresaliendo en las rúbricas del pase de pecho. Noble fue el último y con clase superior. Manzanares lo desengañó pronto y lo toreó por lo grande, acumulando muletazos, cada cual más lento, delineando la suprema estética de su toreo.

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