Juan Pedro, un gran ganadero de lidia

"Negro toro, gran guerrero de terciopelo vestido y estampa corniveleta de albaceteños cuchillos. Negros ojos, dos centellas de fulgores asesinos. Negro hocico con incienso que levanta humo plomizo. Negra frente a la que peina caprichoso remolino".

Juan Pedro Domecq Solís tenía esa sensibilidad artística que se precisa para entender al toro de la forma que él lo hacía. Estas líneas, fragmento de Poesías camperas de Juan Pedro Domecq Díez, padre de la saga Domecq Solís, ya predecían esa herencia allá por 1941. Su particular expresión la realizaba directamente en el albero de su plaza de tientas en Lo Álvaro, gustaba de implicarse tanto que lo hacía hasta en el vuelo de la muleta a la hora de seleccionar cuáles serían madres en su reconocido hierro ganadero.

Juan Pedro, su nombre ha evocado la ilusión de una persona absolutamente entregada a su causa. En su mención, se hace presente una forma muy particular de entender el toro, desde el conocimiento intenso y profundo, desde el más absoluto respeto por la condición netamente diferenciadora a cualquier otra especie animal, la bravura. Y de su constante búsqueda, que al mismo tiempo es reconocida y compartida por todos los que perseguimos este mítico carácter, para quienes son fundamentales sus conclusiones en esta incesante labor.

Tratar de condensar en unas pocas líneas la importancia de su persona en la historia reciente de la tauromaquia es, como poco, un atrevimiento por mi parte. En cualquier caso pretendo las disculpas por la omisión involuntaria de los numerosísimos méritos que sobre sus hombros descansaron. Méritos conseguidos y construidos desde el estudio y la investigación, con un marcado carácter científico, de este animal único.

Fue pionero en la aplicación de las tecnologías informáticas al servicio de la gestión de las ganaderías de lidia, impulsor del uso de la red como parte fundamental a la hora de difundir la información taurina a todo el mundo, y tantas y tantas cosas más que se hace improbable reunirlas todas en poco espacio. Pero sobre todo fue un gran ganadero de lidia.

La vida da cornadas, él y los suyos también las sufrieron. En estos días, todos los que, de una forma u otra, dedicamos esfuerzos y hasta nos entregamos en este mundo tan maravilloso, el del toro de lidia, hemos recibido nuestra particular cornada. Cuando alguien ocupa ese lugar de referencia en tu devenir diario, en tus quehaceres ganaderos, no puedes sino más que mostrarte consternado por su ausencia.

Juan Pedro está presente en todos y cada uno de los ganaderos que conformamos este planeta taurino, independientemente del toro que tratemos de criar. Siempre hemos tenido presentes sus pensamientos, porque siempre estuvo comprometido en difundirlos y transmitirlos. Bajo su presidencia en la Unión de Criadores de Toros de Lidia (1984-1994) se iniciaron cambios fundamentales para relanzar nuestra actividad.

Como ganadero lo ha sido todo, creador de una impronta, de una estirpe, de una forma de asimilar el toro y el toreo. El apellido Domecq conforma una página esencial en la historia de la tauromaquia, su ascendencia, sus hermanos, su familia, en cualquiera de sus ramas en las que te detengas a escudriñar, tiene un altísimo peso y relevancia en el entorno que nos referimos.

Tamarón y Mora-Figueroa, Conde de la Corte o los Núñez, los Pérez-Tabernero y Atanasio, Santa Coloma y los Concha y Sierra, Veragua, Saltillo, Miura, Cuadri… y los Domecq. Hace ya bastantes años que estamos en la época Domecq, estoy seguro que serán aún muchos los que sucederán a los cumplidos, argumentos hay para que sea así, Juan Pedro se afanó en este sentido.

Hoy la dehesa llora en silencio, se callaron los cencerros boyales, sus toros reburdean añorando su presencia. En todas las ganaderías de lidia nos lamentamos por su destino, por la expiración de todo lo que ha representado. Pero debemos aplicar y hacer uso de sus enseñanzas, debemos ser como el toro que siempre buscó, bravo. Tenemos que crecernos ante el castigo al que nos somete el destino.

Juan Pedro, tu legado ganadero y tus reflexiones, así como tus conocimientos cayeron en suelo fértil, hoy estarán tratando de recuperarse de tan dolorosa pérdida tu hijo y tus nietos, herederos directos de tu pasión ganadera, los cuales contarán con el firme apoyo de sus tíos Borja y Fernando, razón para que descanses tranquilamente, tu continuidad está asegurada. Descansa en paz, Juan Pedro.

Llore la guitarra…, llore…,

y llore por mucho tiempo,

que yo necesito cante,

y necesito rasgueo;

que un llanto de soleares

se me ha agarrado aquí dentro

y con él me estoy ahogando

y en él me estoy consumiendo…

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