Leandro corta una oreja y se deja otras tres con la espada en Valdemorillo

  • El madrileño Miguel Abellán consigue un trofeo y el aragonés Alberto Álvarez se marcha de vacío

GANADERÍA: Toros de Peñajara, bien presentados, con bonito remate, y de desigual juego. TOREROS: Miguel Abellán, oreja tras aviso y silencio. Leandro, ovación tras petición y oreja. Alberto Álvarez, palmas y silencio. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Valdemorillo. Dos tercios de entrada.

El buen toreo de Leandro tuvo el contraste de su mala espada, llevándose sólo una oreja donde había ganado tres más, en Valdemorillo, en una corrida en la que también Miguel Abellán obtuvo un apéndice. Esta vez no cuenta el valor de las orejas. En todo caso, nada que ver la que paseó Abellán del toro que abrió plaza, después de una faena discreta sin más, con la que recibió Leandro del quinto tras pinchar lo que se dice un faenón. De tan buen corte el segundo trasteo, también sin trofeos por el borrón de la espada.

Pletórico Leandro en todo menos en la suerte suprema. Nada más salir su primero se meció con el capote en bonitos y acompasados lances. Ya esta primera faena de muleta fue un derroche de torería. La figura muy compuesta, de una extraordinaria estética también por la limpieza de los muletazos. Pero el acabose fue con el quinto. Muy comprometido Leandro en lo fundamental, con un toreo de mucho mando y aroma. Los remates de serie y otras alegrías sobre la marcha, algo poco común. Toreo de personalidad y mucha consistencia. No se entiende que entrara otra vez a por uvas con la espada. Una obra así, a las puertas de Madrid y cuando afición y critica han apostado tanto por él, hay que amarrarla atacando con más fe. Desde luego que Leandro tiene la moneda. Hace falta que quiera cambiarla. La oreja final debe entenderse como de consolación. Y no es eso, no debe ser, estando dotado de tan privilegiadas facultades.

Abellán se llevó también un trofeo en el primero. Toro de escasa fortaleza, que se defendió mucho, muy corto de embestida, noblón pero sin aportar nada. Ése fue el mérito del torero, que sin entrar en profundidades cuajó una faena limpia, correcta, pero hasta ahí. El quinto no tuvo un pase, volviéndose unas veces y otras quedándose debajo. Abellán se puso por los dos pitones pero con brevedad, sin sacar nada en claro.

Alberto Álvarez, puso voluntad pero no fue suficiente para vérselas con el buen tercero. A pesar de que nunca volvió la cara, nada resolvió. Y lo mismo en el sexto, más soso, cada vez más apagado.

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