Leandro cuaja una gran tarde en Valdemorillo

  • El diestro vallisoletano pierde la puerta grande por culpa de la espada. Abellán corta una oreja

El diestro Leandro Marcos se reivindicó ayer en Valdemorillo en la primera corrida de su temporada, gracias a dos faenas de mucha personalidad y que se podría haber transformado en la primera Puerta Grande de su campaña de no haber fallado con la espada. Cortó una oreja, al igual que el madrileño Miguel Abellán.

Leandro ya dejó sus buenas maneras con el capote en su primero, en un excelente recibo a la verónica. Al de Peñajara le castigaron en exceso en el caballo por lo que el torero lo tuvo que cuidar en el último tercio, en un trasteo muy bello que comenzó por abajo, con mucho gusto. Tras dos tandas cortas e intensas, dando tiempo al toro, la labor fue tomando aire en una serie de derechazos culminados con un extraordinario cambio de mano.

También hubo toreo con clase con la zurda, dando el medio pecho, llevando al toro hasta por detrás de la cadera. No desistió Leandro, que volvió a dar dos series más de naturales, otra de derechazos - muy intensa - para culminar con adornos bellísimos, un epílogo de ayudados por alto de mucha personalidad y extraordinarias trincherillas. Buena faena a un toro con calidad, al que templó pero al que no supo matar.

Sí que cortó una oreja al buen quinto, en una labor de menor intensidad pero con mucha clase, sobre todo en los derechazos. Volvió a pinchar con la 'tizona' pero el acierto con el descabello le permitió cortar el trofeo.

Rompió plaza un toro muy bajo, bien hecho que derribó al caballo. Pero que tuvo las fuerzas muy justas, embistiendo a media altura. Abellán realizó una faena pulcra, acompañando al toro y sin meterse con él para que no se le derrumbara. Una serie de naturales y dos de derechazos fue lo mejor de su actuación, cortando un premio. El cuarto fue un burraco sin clase, molesto y que desarrolló peligro con el que abrevió.

El tercero en cartel, Alberto Álvarez, no se acopló con el tercero, con mucho motor Faena muy larga y espesa que no levantó pasiones. El sexto resultó desclasado y tardo, con el que acortó distancias y se pegó un arrimon innecesario.

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