Pinar intenta levantar una tarde desangelada con un buen 'Diablillo'

  • El albacetense corta una oreja · Talavante roza el triunfo y El Fandi, en blanco

GANADERÍA: Toros de Montalvo, en conjunto bien presentados. En juego, destacaron positivamente segundo y sexto. TOREROS: David Fandila 'El Fandi', de azul y azabache. Pinchazo, estocada y descabello (silencio). En el cuarto, media y dos descabellos (silencio). Alejandro Talavante, de rosa y oro. Estocada (saludos tras petición con bronca al presidente por denegarla). En el quinto, estocada (silencio). Rubén Pinar, de rosa y oro, que sustituía a El Cid. Pinchazo, estocada y descabello (silencio). En el sexto, estocada baja con derrame (oreja tras aviso). Incidencias: Plaza de toros de la Misericordia de Zaragoza. Miércoles, 14 de octubre de 2009. Casi lleno.

El personal andaba ya algo endemoniado, consumiéndose en la hoguera del aburrimiento, cuando saltó el sexto, un Diablillo de pinta negra, encastadito y con gran duración, con el que Rubén Pinar se justificó, aunque muy lejos de plasmar un toreo angelical. El público, por aquello de que se había llegado al cierre de la corrida sin trofeos concedidos para contar a los vecinos y que había levantado el ánimo con sus propias palmas, acompañando la salida del último toro, el de la Jota, solicitó una oreja, pese al feo espadazo, con derrame, con el añadido de un pinchazo anterior, envites con los que el albacetense acabó su faena, una faena de excesivo metraje y a trompicones, con más de un enganchón y demasiado toreo periférico; si bien también hubo momentos buenos, especialmente con la diestra, cuando ya se había traspasado el ecuador de la obra. Por todo lo dicho, el usía concedió el trofeo. Pinar, ante su primero, paradísimo, intentó justificarse en una labor porfiona.

David Fandila El Fandi no anduvo ayer en banderillas a las mismas revoluciones que en días pretéritos. Al menos, el público no se volvió loco como en la jornada anterior. Variado con el capote, con la muleta no llegó a despegar ante un lote soso.

Alejandro Talavante se las vio en primer lugar con un Garboso, que hizo honor a su nombre por sus buenas hechuras y que embistió con nobleza. El pacense se marcó un par de buenas verónicas y una media en la antesala de su faena, en la que estuvo muy seguro y destacó en el toreo con la diestra, con una tanda con ligazón, que caló con fuerza en el tendido. La estocada cayó desprendida. Hubo petición de trofeo, que fue denegado. Con el paradísimo quinto, no tuvo opción al lucimiento artístico.

Al final, Pinar levantó en parte el desangelado festejo con un buen Diablillo y todo quedó a medio camino del éxito.

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