Feria de málaga

Puerta Grande al magisterio de Ponce

  • En una tarde marcada por las dos sustituciones y la buena respuesta del público, el diestro valenciano regaló una faena magistral en el cuarto mientras que a Manolo Sánchez se le fue el toro de la Feria.

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4º festejo del abono del ciclo ferial malagueño 

GANADERÍA: Se han lidiado seis toros del Niño de la Capea. Primero, segundo, tercero y sexto con el hierro de San Pelayo; cuarto con el de Carmen Lorenzo y quinto con el de San Mateo. La corrida, en líneas generales, no ha sacado malas intenciones. Primero -inexplicablemente-, cuarto -por más que muchos de sus méritos frente a la muleta, hay que atribuírselo al magistral hacer de Enrique Ponce-; y quinto -sobrado de méritos porque fue un toro excepcional- fueron aplaudidos en el arrastre. Este segundo toro del lote de Manolo Sánchez fue el conjunto perfecto de todas las virtudes que cabe atribuir a un toro de lidia: de preciosas hechuras, muy bien armado, bravo, noble, con mucha clase y con trapío suficiente como para haber sido lidiado en la plaza de Madrid. El primero de la tarde, que se tapó con la cara, anduvo más justo de presencia y los otros cuatro, compusieron un conjunto igualado. TOREROS: Enrique Ponce, de azul marino y oro. Una entera caída ejecutada con habilidad (una oreja). Una entera un punto desprendida entrando derecho, un aviso (dos orejas). Salió por la Puerta Grande.  Manolo Sánchez, de turquesa y oro. Un pinchazo, una estocada corta trasera (palmas). Tres pinchazos, una estocada, un descabello, un aviso (silencio). Oliva Soto, de nazareno y oro. Un pinchazo echándose fuera, otro más, un sablazo en el rincón (saludos). Dos pinchazos, media estocada atravesada (silencio). Incidencias: Tarde entoldada que comenzó con algo de bochorno, para refrescar luego. Amenaza de lluvia. La plaza registró muy buena entrada. Manolo Sánchez y Oliva Soto fueron repescados del cartel de la segunda del abono, suspendida por falta de toros e hicieron el paseo en sustitución de Julio Aparicio, enfermo y Cayetano, herido.

Punteó en el capote el primero de la tarde y embistió con violencia; luego correteó sin fijeza. Buen puyazo de Manolo Quinta que ahormó al toro y lo dejó en las sabias manos de Enrique Ponce que dictó una faena, técnicamente perfecta, a pesar de que el toro apretaba para adentro. La labor de Ponce, dechado de recursos, dominó al toro hasta pasarlo sobre las dos manos entre palmas. Un natural alcanzó la perfección. Y la violencia primera del murube se transformó en embestida colaboradora. El cuarto de la tarde, astifino, largo, que enseñaba las palas y que pasó por el primer tercio sin emplearse, llegó a la muleta metiendo bien la cara. Ponce le cogió la distancia y acertó a pasarlo con temple y medida sin pegarlo un solo tirón, circunstancia que con toda seguridad hubiera descompuesto la embestida. Enrique lleva los engaños a cuatro dedos del albero, ni torea por arriba ni baja excesivamente la mano y la consecuencia es que le sirven más toros que a nadie; ayuda a los toros y los toros le responden y las faenas discurren por cauces magistrales. A este cuarto de la tarde lo exprimió como a un limón y terminó la faena con las rodillas genuflexas haciendo describir al de Capea círculos perfectos. Un tres en uno prologó la última serie ya descrita e incluso, pese a que el toro se metía por el pitón izquierdo, el maestro interpretó el natural. ¡Torero, torero, torero!

A Manolo Sánchez se le fue entero el toro de la Feria y de muchas ferias. En el prólogo de esta crónica ya hemos descrito la preciosa y perfectas hechuras de un toro como no va a salir por la puerta de toriles de La Malagueta en lo que resta de feria. Embistió Navajito  -tal era su nombre- con nobleza y calidad por ambos pitones y aunque el diestro de Valladolid comenzó ejecutando algunos redondos de trazo aceptable, lo cierto es que estuvo muy por debajo de una res brava y con muchísima clase. Sánchez no llevó las embestidas hasta el final y en consecuencia, no se quedaba colocado y a la faena le faltó ligazón. La ovación que acompañó al San Mateo en el arrastre, fue muy corta para sus muchos merecimientos. Antes, frente al segundo de la tarde, un toro con las fuerzas y la casta justas y que se paró a pesar de que no se le había pegado prácticamente, la faena no dijo nada, salvo la voluntad plana del diestro castellano.

Perdió las manos el tercero en las dos entradas al caballo y amén de mansear pareció un tanto descordinado. Las maneras de Oliva Soto pudieron parecer aceptables pero debió cruzarse más. Con todo y en su descargo, diremos que la res sacó peligro por el pitón izquierdo, se defendió y se quedó a la mitad del viaje. Y en el debe, hay que apuntar que el diestro sevillano no se acopló nunca. El sexto, bien presentado y armado, fue recibido por Oliva Soto evidenciando carencias al lancear. Empezó la faena por alto y siguió luego intentándolo con la mano derecha, pero daba la impresión de no saber muy bien cómo seguir con su labor. El torero no se cruzó nunca, citó fuera de cacho y no se quedaba colocado. Aunque deba tenerse en cuenta también que el toro se paró y había que cogerle muy bien la distancia.

Después de las dos sustituciones a que las circunstancias forzaron a la empresa, la respuesta del público estuvo a buen nivel.

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