Rafaelillo pierde la Puerta Grande por el desacierto con la espada

  • El diestro murciano, que corta una oreja a su lote de Miura, cuaja una gran actuación El sevillano Manuel Escribano logra un trofeo del sexto tras una cogida espeluznante

última corrida de la feria de julio de valencia Ganadería: Se estoquearon cinco toros de Miura y un sobrero de El Ventorrillo -como segundo bis-. Corrida desigual en hechuras, peso y juego. Primero, segundo bis y tercero, con nobleza; cuarto, protestón; quinto, bueno, ovacionado, y sexto, manejable. TOREROS: Rafael Rubio 'Rafaelillo, de turquesa y oro. Pinchazo, pinchazo hondo desprendido y tres descabellos (saludos tras ovación con aviso). Estocada entera (oreja tras aviso). Cuatro pinchazos y estocada (vuelta al ruedo). Manuel Escribano, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (saludos tras ovación con aviso). Estocada (silencio). Estocada (oreja). INCIDENCIAS: Plaza de Valencia. Media entrada. Sobresaliente: Victor Manuel Blázquez.

Rafael Rubio Rafaelillo y Manuel Escribano compitieron con garra en su duelo ante toros de Miura. El primero había triunfado este año con astados de esta legendaria divisa sevillana en San Isidro y el segundo en la Feria de Abril. Ninguno de los dos escatimó esfuerzos, compitiendo en quites y contando con el cariño de un público que al terminar el paseíllo les tributó una ovación de gala. Rafaelillo, que plasmó una actuación completa, consiguió un trofeo del tercero y perdió la Puerta Grande por el desacierto con los aceros; entre tanto Escribano arrancó una oreja al sexto, tras una cogida espectacular de la que salió ileso milagrosamente.

Rafaelillo concretó la mejor faena del festejo ante el quinto, de buena condición, al que recibió con dos largas de rodillas junto a tablas. Buen quite por delantales, abrochado con una gran media verónica, del sobresaliente: Víctor Manuel Blázquez. Rafaelillo cuajó una gran faena en los tercios, toreando relajado. Brilló en una serie diestra despaciosa, rematada con un pase de pecho mirando al tendido. Con la izquierda firmó tres naturales maravillosos y lentos. También impresionó en otros naturales de frente. Todo ello aderezado con deslumbrantes cambios de mano. Lo que era una obra de gran altura ante un miura ovacionado con justicia por su buen juego y con el público totalmente entregado, quedó en una vuelta al ruedo tras cuatro pinchazos en lo alto.

Al que abrió plaza, alto y con poca cara, Rafaelillo lo recibió con una larga cambiada de rodillas a portagayola y añadió otra en los tercios. Sufrió una cogida al pisar el capote, que se saldó con un agujero en la parte trasera de la taleguilla. También el banderillero Montoliú cayó al prender un par y Blázquez, muy bien colocado, le salvó de una cornada. Con la muleta, Rafaelillo realizó una labor larga, en la que descolló una tanda diestra. Falló con los aceros y todo quedó en una ovación.

El tercero, protestado por su trapío, se arrancó con prontitud y de largo para dos puyazos. El bravo animal embistió en la muleta con humillación por el pitón izquierdo y se quedó muy corto por el derecho. Rafaelillo se entregó en una labor excesivamente extensa, de la que rescatamos una tanda con la izquierda.

Manuel Escribano, cuando cerraba su actuación en blanco, salió a por todas en el sexto, el de mayor peso de la corrida -¡647 kilos!-. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y salió apurado de un par muy arriesgado por los adentros. Comenzó la faena de manera explosiva, con un par de muletazos por la espalda. La labor, con un animal manejable, tomó tintes dramáticos cuando en un desplante a cuerpo limpio, el sevillano fue cogido por el toro, que le lanzó un gañafón terrorífico. En la caída, el astado lo recogió por la chaquetilla y le propinó varetazos en el muslo izquierdo, en una axila... una paliza tremenda. Sin chaquetilla, con la camisa rota, volvió a la batalla, con el público enardecido. Enterró la espada al primer envite y cobró una oreja.

El segundo, protestado por falta de trapío, fue sustituido por un toro de El Ventorrillo, noble, pero sin motor. Escribano destacó en una serie con la derecha y un par de naturales de bella factura... Pero faltó emoción.

El cuarto, un sardo, girón, de llamativa capa, derribó al primer encuentro. Escribano, que prendió un meritorio par al violín por los adentros, no tuvo opciones al lucimiento artístico con un astado protestón y de viaje cortísimo.

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