Sergio Aguilar, cornada en el cuello que rememora el drama de Aparicio

  • El diestro madrileño sufrió una herida que alcanza el paladar, de pronóstico grave, en la primera corrida de toros de la Feria de Bilbao · Bolivar corta una oreja y Barrera se marcha de vacío

GANADERÍA: Corrida de Alcurrucén muy seria y de juego variado. La mayoría de los toros, en su encaste Núñez, mansearon en los primeros tercios. TOREROS: Antonio Barrera, de azul y oro. Dos pinchazos y estocada (silencio). Pinchazo y estocada (silencio). Sergio Aguilar, de azul y oro, que sustituía a Cayetano, fue cogido de gravedad (ovación que recoge su cuadrilla). Luis Bolívar, de azul y oro. Estocada (saludos tras aviso). Estocada (oreja). Pinchazo en lo alto, estocada y dos descabellos (vuelta al ruedo tras aviso). Incidencias: Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. Segundo festejo de las Corridas Generales y primera corrida de toros. Media entrada. Sergio Aguilar fue atendido en la enfermería de la plaza de una cornada en el cuello, que alcanzó el paladar. Tras ser estabilizado, le trasladaron al Hospital de Cruces de Baracaldo, donde fue intervenido quirúrgicamente por un equipo médico maxilo-facial. Su vida no corre peligro. También fue operado en la enfermería de una cornada de 15 centímetros en el muslo izquierdo, que no afecta a arterias ni venas principales.

La cornada que sufrió Sergio Aguilar nos trajo a la memoria el drama que hace tres meses y un día padeció Julio Aparicio en el ruedo de Las Ventas. El torero madrileño había entrado en sustitución del lesionado Cayetano. Y Aguilar se jugó la vida, sin trampa ni cartón, con un toro muy peligroso por el pitón izquierdo. El animal le había inferido una cornada en el muslo izquierdo, por encima de la rodilla. Pero el diestro madrileño, con una raza descomunal, continuó en la lidia, muleteando como si aquella herida no fuera con él. Citaba al toro, cuyo pitón izquierdo estaba coronado, inquietantemente, por el tinte rojo de su sangre, cuando de nuevo la fiera le metió ese mismo cuerno a la altura del cuello. Fue como si lo levantara a pulso con un garfio. Al soltarlo, la sangre del hombre se precipitó en pequeña cascada hacia la cenicienta arena de Vista Alegre. El torero se echó rápidamente mano a su cuello y las asistencias, sin titubear, lo trasladaron de inmediato a la enfermería. El desasosiego se posó en los tendidos de la vetusta y señorial plaza de Bilbao. Estoqueó al toro Antonio Barrera y el público le dedicó a Aguilar -ya en manos del equipo médico- una fuerte ovación, que recogió su Hugo Saugar, su peón de confianza.

La corrida de Alcurrucén fue tan seria como exigente, pero con varios astados buenos. Todos los toros, como es costumbre en el encaste Núñez, mansearon en los primeros tercios. Tras el percance de Aguilar se corrió turno. Luis Bolívar tuvo que pechar con tres toros y se alzó como triunfador del festejo, consiguiendo el único trofeo de la tarde, correspondiente al quinto toro, un buen ejemplar de Alcurrucén. El colombiano, que se pudo consagrar, al contar con otro toro buenísimo, el sexto, cumplió, pero sin redondear.

Luis Bolívar se peleó con su primero, un astado exigente, con un pitón derecho potable y con imposibles embestidas para el lucimiento por el izquierdo. La labor, digna, no caló en el tendido. Con el quinto, un colorao que dio buen juego, el colombiano sacó muletazos sueltos estimables por ambos pitones. La faena no alcanzó suma intensidad debido a la imposibilidad de la ligazón, ya que el toro, noble, no repetía. La banda de música se arrancó en el epílogo de la labor, que culminó con una espléndida estocada al volapié, que le sirvió para ganar el único trofeo del espectáculo. Con el que cerró plaza, otro buen toro, Bolívar se mostró muy torero en una faena interesante y con muchos matices, que tuvo como mayor virtud el temple, aunque los muletazos fueron en su mayoría desceñidos. Desgraciadamente, malogró la faena con el fallo con los aceros.

Antonio Barrera -quien salió al ruedo infiltrado, tras la fractura de menisco sufrida en San Sebastián- anduvo desconfiado con el pajarraco que abrió plaza, que por el pitón izquierdo era peligrosísimo. Con su otro astado, sin los problemas del anterior, concretó un trasteo que no pasó de voluntarioso.

El festejo acusó la losa de la tempranera cornada que sufrió Sergio Aguilar en su cuello y que rememoró el drama que hace exactamente tres meses y un día padeció Julio Aparicio en Las Ventas.

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