Triunfo de Ponce y sangre de Fandiño y de Mario Romero

  • El valenciano corta una oreja, con fuerte petición de la segunda, en su actuación número 50 en Bilbao · El diestro vasco y su banderillero caen heridos de gravedad

GANADERÍA: Corrida de Puerto de San Lorenzo, en conjunto bien presentada y dura. El mejor, el cuarto. TOREROS: Enrique Ponce, de grana y oro. Dos pinchazos, estocada y descabello (silencio tras aviso). En el cuarto, estocada baja (oreja tras aviso, con fuerte petición de la segunda). Mató al sexto, por cogida de Iván Fandiño, con una media y un descabello (silencio). Diego Urdiales, de rosa y oro, que sustituía a Miguel Ángel Perera. Pinchazo, media y tres descabellos (saludos). En el quinto, pinchazo y dos descabellos (saludos tras dos avisos). Iván Fandiño, de grosella y azabache. Seis pinchazos y un descabello (silencio). En el sexto fue herido en la muleta de faena y fue trasladado a la enfermería. Incidencias: Plaza de Vista Alegre. Tres cuartos de entrada. Se guardó un minuto de silencio en el 63 aniversario de la muerte de Manuel Rodríguez Manolete. En la enfermería fueron operados Mario Romero de "dos cornadas: una por encima de la rodilla y otra en la zona inguinal" e Iván Fandiño de "cornada en el tercio superior cara interna del muslo derecho". Ambos percances, de pronóstico "grave". En banderillas saludó Roberto Martín Jarocho.

Desde prácticamente sus comienzos, uno de los bastiones de Enrique Ponce ha sido la plaza de Bilbao. El valenciano, que cumplía ayer cincuenta corridas en Vista Alegre, conquistó nuevamente el corazón de la entrañable afición vasca, que se rindió sin límites a un torero con clase y elegancia en un festejo en el que se vivieron varias escenas dramáticas, con dos heridos graves, el matador de toros Iván Fandiño y el banderillero Mario Romero. Todo ello, con una corrida de El Puerto de San Lorenzo, marcada en líneas generales por su dureza.

Si analizamos el anverso de la agridulce moneda de la Fiesta, nos encontramos con el brillo y la brillantez del maestro Enrique Ponce, que realizó una faena con una importante dosis de estética al manejable cuarto, con el único defecto de que se metía algo por el pitón derecho. Un toro que fue el mejor de un áspero encierro de El Pilar, en su conjunto. El valenciano basó su labor en la diestra, con muletazos templados en varias series. La faena fue creciendo como la espuma y el de Chiva se sacó del magín un cambio de mano mágico para echarse la muleta a la zurda y dibujar también algunos naturales destacables. Dos circulares llegaron al tendido con fuerza volcánica. Luego, el cierre por bajo, con el sello de su poncina -muletazo desde atrás en postura genuflexa-, fue un postre colosal, coronado por un pase de pecho inmenso. El torero se tiró bien tras la espada, que cayó baja. Y el presidente concedió un trofeo, entre tanto el público se desgañitaba y ondeaba pañuelos, pidiendo las dos orejas. Un público que tributó una ovación estruendosa, la mayor que se ha escuchado estos días en Vista Alegre y pidió al torero que diera no una, sino dos vueltas al ruedo. El torero, con la montera en el corazón, agradecía y agradecía el cariño de un público que se rindió sin medida.

Con el que abrió plaza, con un peligroso pitón derecho, Ponce concretó un trasteo correcto. Su banderillero José María Tejero estuvo a punto de ser cogido contra las tablas.

Diego Urdiales, que sustituía al lesionado Miguel Ángel Perera, tuvo como primer oponente a un enorme astado noble, pero sin transmisión, con el que elaboró una labor sin vibración. El quinto, un cinqueño muy astifino y difícil, puso a prueba su compromiso. El riojano se la jugó. El toro, al final de un pase de pecho con la diestra, se revolvió como una centella y le propinó una voltereta impresionante. Afortunadamente no le hirió.

La tarde continuó con sustos y cogidas. Iván Fandiño despachó hábilmente a su primero, que le midió mucho. Pero no pudo zafarse de un sexto peligrosísimo, un regalito que se frenaba y acabó muy orientado. El torero vasco lo recibió con una arriesgada larga cambiada de rodillas y la fiera le persiguió, le hizo hilo. El banderillero Mario Romero salió raudo para hacer un quite a su matador y, junto a un burladero, recibió dos cornadas. Fandiño se repuso y nadó en la faena de muleta contra una oleada de gañafones hasta que el avisado astado le metió su astifino pitón derecho en su muslo. Fue trasladado de inmediato a la enfermería, donde en esos momentos operaban a su banderillero. Tras un macheteo, Ponce puso punto y final al último y dramático acto de la función, con una media y un descabello.

La Fiesta brindó ayer sus dos caras. La tarta dulce que supuso el triunfo de Enrique Ponce, que cumplió ayer con éxito sus primeras cincuenta corridas en Bilbao. Y por otro lado, el dolor y la sangre, que derramaron Iván Fandiño y su banderillero Mario Romero en la plaza de Vista Alegre.

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