Víctor Barrio sale a hombros y Manuel Escribano corta una oreja

Víctor Barrio no vino a Valdemorillo a pasar la tarde sino a reverdecer el ambiente del que gozó en su día de novillero y a postularse entre los futuribles del escalafón superior. Toreo que aúna a un tiempo verticalidad y hondura, estoicismo y naturalidad. Su triunfo, más allá de ser el primer suceso de 2015, debe devolver su nombre a las imprentas.

Su tarde salvó una corrida de Cebada de muy dispares hechuras (en algunos era irreconocible su procedencia) que dio un juego dispar. Escribano sorteó el lote más factible y volvió a puntuar en el coso de La Candelaria, mientras Paulita, con el de peor nota, no pudo reeditar el éxito de hace doce meses en este mismo ruedo.

Víctor Barrio enseñó pronto sus intenciones cuando al toque de clarín cruzó el ruedo para saludar a su primero en los medios a portagayola. Dos tafalleras, una chicuelina apretadísima y otra de igual catadura en la que fue desarmado, obligándole a improvisar un recorte fue saludo intenso y emocionante, tanto, que el público se puso de pie. Sucedió que el toro, luego de su paso por el caballo, que quedó gazapón, se vino al paso y empezó a desarrollar. Cualquier duda del torero hubiera abortado faena, pero Barrio vino con las ideas claras, se plantó firme en la arena y desengañó al animal que topó sin pasar nunca. La actitud del torero, que no se movió y siempre quiso ligar los muletazos verticalizando la figura y aguantando parones, sedujo al respetable, que tras media en la yema le concedió una oreja de mucho peso. Tanto como el que tuvo la faena.

Volvió a irse a toriles a recibir al sexto, y de hinojos le endilgó un ramillete de faroles en los medios. Hubo un quite por gallosinas y gaoneras como aperitivo de una notable faena en la que volvió a destacar su toreo de planta erguida, muchas veces a pies juntos, de gran enjundia y serenidad, que tuvo fuerza y causó impacto.

Más chico el segundo, se movió en los primeros tercios y secundó las ganas de Escribano, que como es habitual brilló sobremanera en el par al quiebro en terrenos de tablas que cerró el segundo tercios. Tendió a tardear en la muleta, pero Escribano lo esperó y templó sus acometidas, virtud principal de una entonada faena de muletazos largos, rematada con prontitud a espadas. Se fue a chiqueros a esperar al quinto y tuvo que echar cuerpo a tierra para salvar el trance. Toro corniapretado, que tuvo mejor comienzo que final de faena, frente al que faenó con decisión de nuevo el sevillano, si bien su labor en los tres tercios no alcanzó las cotas artísticas del astado anterior.

El primer toro ya cantó en el capote su condición. Sin entrega. Anduvo habilidoso Paulita. Con parecida solvencia hizo frente al cuarto, que repuso y nunca se entregó. Lo pasaportó con decoro el aragonés.

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