En el adiós a Carnicerito, un tremendo aficionado

"Yo he hecho de tó. He sido alguacillo, arenero, torero, empresario...De tó".

Ese era casi siempre el argumento del inicio de una charla, amén del chiste o del disparate con el que arrancar la sonrisa del grupo, pero Nicolás se ponía más serio que la hostia cuando empezaba a hablar de toros. Ahí ya no había tío páseme usted el río, y su pasión, su afición, se hacían determinantes para entender a este triguereño rico en experiencias y el aprecio del mundillo taurino de Huelva.

No ha querido esperar a que pasara entero el invierno, otro invierno de toreros metidos en sus cuarteles generales a la espera del toro, ha roto todas las exclusivas que tenía firmadas para este 2015 y se ha marchado de maletilla, como en sus inicios se sintió, a otro ruedomas universal, más grande, más lejana. A ese que aspiran los toreros importantes.

Me distinguió con una amistad que hoy tengo que agradecerle más que nunca, porque me dio siempre el sitio cariñoso y preciso, a mí, que empezaba a aventurarme en esta tarea del periodismo taurino.

Afortunadamente, sus gentes triguereñas de La Divisa, insignia de oro de la entidad, y la Delegación de Gobernación, aficionado destacado del año, le habían hecho justicia con sendos galardones. Estuvieron acertados en su momento, más que nada porque ahora, a sus noventa y seis años, ya no hubiese servido para nada. A estas alturas de la vida, no me caben demasiados lamentos, porque hasta el último de la cuadrilla sabemos que un día ya no vamos a tener más contratos, que se apagará el motor del coche de las ruta del toreo y el esportón ya no se abrirá para sacar más, capotes y muletas. Pero aún así, a Nicolás García Carnicerito se le va a echar de menos.

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