El alternativado Javier Cortés se cierra la gloria con la espada

  • El toricantano consigue dar una vuelta al ruedo en Vistalegre tras lucirse con la muleta y errar con los aceros · Tendero y Pinar se marchan de vacío

GANADERÍA: Toros de Zalduendo, desiguales de presencia, bajos de raza y de poco juego. TOREROS: Rubén Pinar, palmas y división tras aviso; Miguel Tendero, palmas y ovación tras leve petición. Javier Cortés, ovación tras aviso y vuelta tras aviso. Incidencias: Plaza de toros Palacio de Vistalegre. Algo más de un tercio de entrada.

Dos importantes faenas de Javier Cortés, de buena técnica, valor y arte, sin embargo, no tuvieron buen refrendo con la espada, trocándose al final los trofeos por sendos avisos, en el tercer festejo de la Feria de Invierno que se celebra en la madrileña plaza de Vistalegre.

El sueño de Javier Cortés, de ser torero importante, tendrá que esperar. Y no porque le falten condiciones, que las tiene, muchas y muy notables. La forma de presentar los engaños planos, de esperar y aguantar la embestida del toro hasta engancharle en el sentido literal, para terminar llevándole lejos y muy despacio, rematando los pases siempre atrás, muy atrás. Haciendo esto con gusto, jacarandoso, y aparentemente muy sereno. Todo indica que su concepto del toreo es excelente. Pero falla en algo fundamental: no mata como Dios manda. La espada es su gran asignatura pendiente. Y una de dos, o aprende cuanto antes, o se las verá en su casa sin contratos, como tantos toreros que en su día hicieron concebir también las mejores esperanzas y sin embargo no llegaron a nada al no justificar el primer mandamiento de la profesión, de matador de toros. A Cortés le tocó el toro de la tarde, precisamente con el que se doctoró. Un zalduendo canela fina, que regaló innumerables embestidas, muy humillado, y con repetición. Toro de extraordinaria calidad, que en ocasiones es arma de doble filo, puesto que siempre se ha dicho que los buenos toros son los que descubren a los malos toreros. Y no fue el caso. Más bien al revés. Cortés se sintió, se creció y resolvió con mucha suficiencia técnica y artística. Otra cosa fue el calvario de la espada. Y cambió la oreja, o quien sabe si las dos orejas, por un aviso.

El sexto ya no fue tan claro, aunque se dejó también en muletazos de uno en uno. Había que taparle la huida y ganarle la acción dejándosela (la muleta) en la cara. Lo entendió bien Cortés, que por momentos volvió a torear con cierto arrebato. Mas el estropicio al matar, otra vez, en su contra. Nueva oreja perdida, nuevo aviso. No será definitiva la actuación de hoy. Tendrán que darle más oportunidades. Pero no habrá muchas más si no remata con la espada. Así que Javier Cortés tiene la palabra de su futuro.

Completaban la terna dos toreros también muy jóvenes cuyas carreras asimismo despiertan gran interés. Pinar y Tendero, con lotes menos propicios, tampoco levantaron vuelo.

Pinar, sin compromiso de faena con su violentito primero y buscando el aplauso fácil en el cuarto, al que no terminó de entender dándole más espacio.

Tendero, muy voluntarioso, hizo cosas sueltas notables, pero hasta ahí, sin redondear. Lo mejor, la buena estocada al quinto.

Lo dicho: hay que matar bien. Sobre todo después de haber toreado bien. En el toreo la ecuación incompleta no vale.

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