Tres avisos para Perera y el toro al corral, en la plaza de Zaragoza

  • Enrique Ponce corta el único trofeo de un festejo en el que se ha lidiado un encierro de El Puerto de San Lorenzo que ha sido bajo de raza y muy deslucido en su conjunto

Ganadería. Toros de El Puerto de San Lorenzo, y uno de La Ventana de El Puerto (tercero como sobrero), bien presentados. Bajos de raza y deslucidos en conjunto salvo el segundo de la suelta, que fue ovacionado en el arrastre. Cuarto, quinto y sexto fueron muy descastados. TOREROS: Luis Francisco Esplá, saludos tras aviso en ambos. Enrique Ponce, oreja tras aviso y silencio. Miguel Ángel Perera, silencio tras tres avisos y silencio. Incidencias. Más de tres cuartos de plaza.

El titular de la crónica de la quinta corrida del ciclo pilarista se lo lleva Miguel Ángel Perera pero esta vez no por un triunfo, sino por un fracaso ya que, incapaz de matar a su primero, le sonaron los tres avisos.

Y es que Miguel Ángel Perera ha escuchado tres avisos en su primer toro en Zaragoza y ha visto como se lo devolvían a los corrales, tras pinchar en numerosas ocasiones y perdiendo así una más que posible oreja. Y este pinchazo en una feria de primera ha sido lo más destacado del festejo porque aunque Enrique Ponce ha paseado una oreja, esta ha sido de arte menor y la corrida de El Puerto de San Lorenzo, demasiado baja de raza y casta, no ha aportado nada a excepción del segundo toros de la suelta.

El toro de la oreja, primero de Ponce, fue blando y no aportó profundidad al trasteo ya que no humilló. Su segundo fue un toro rajado ante el cual el valenciano no pudo pasar de insistir.

Nada más que pinceladas consiguió Luis Francisco Esplá, que se despedía de los ruedos españoles, con el que abrió plaza., fallando a espadas. Con el cuarto de la tarde, igualmente no pasó de dejar algún detalle con un toro muy deslucido, aunque sin exponer en demasía.

El tercero fue devuelto a los corrales y salió un sobrero de La Ventana de El Puerto, que blandeó en los primeros tercios pero que mejoró su condición a medida que avanzó la faena, gracias al temple de Perera, que dejó siempre la muleta puesta y lo fue enganchado para que rompiese hacia delante.

Al toro le faltó transmisión para que la faena tuviese mayor intensidad aunque hubo grandes momentos con la mano derecha. Se prolongó el trasteo y sonó un aviso antes de entrar a matar. El fallo con la espada, de hasta seis pinchazos, hizo que Perera escuchase los tres recados y el toro volviese vivo a los corrales.

De nuevo falló el de La Puebla del Prior en el cierra plaza, un toro sin transmisión con el que Perera se mostró muy voluntarioso pero la faena vino a menos por la poca raza del toro.

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