Un coste muy elevado

  • El ganadero debe conocer, además, la selección del bravo

Algunos industriales -especialmente llegó una nueva oleada de ricos, procedentes de la bonanza del sector de la construcción- invirtieron en ganaderías de lidia en las dos últimas décadas del siglo pasado y comienzos de este. Varios han demostrado que eran grandes aficionados y han sabido manejar sus ganaderías con soltura. Sin embargo, la mayoría han abandonado o están a punto de arrojar la toalla en un negocio que muchos anhelan por el simple hecho de compartir espacio y tiempo junto a una máxima figura del toreo.

Lo que a simple vista podría ser sencillo, ganadero de lidia, es sin embargo una de las profesiones más complejas, que precisa de una cualificación especial y una inversión muy fuerte y cuyos resultados, atados a los de la genética del toro, son imprevisibles y a largo plazo -los resultados derivados de cada selección se conocen tras una década-.

En primer lugar, el ganadero precisa tener conocimientos de aquello que criará en función de su finalidad: el trapío y la embestida del toro. Por ello, es necesario conocer la morfología y la genealogía de los encastes del toro bravo y especialmente de aquel que compete a la ganadería elegida. Es recomendable que una ganadería cuente, al menos, con 50 vacas y dos sementales.

Luego, es preciso una finca, cuyo precio varía de manera ostensible dependiendo de si es de regadío, secano, etcétera. Una dehesa de una extensión mínima para criar toros bravos puede rondar los 2 millones de euros. Hay que tener en cuenta que la finca se dividirá en distintas zonas o cercados, con toros, vacas de vientre, novillos, becerras. Por supuesto, dentro de las instalaciones mínimas, se contará con viviendas para el ganadero y el mayoral y comederos para el ganado. Los honorarios de los vaqueros suelen rondar los 1.200 euros. No puede faltar una plaza de tientas, auténtico laboratorio de la bravura y donde se hará la selección del ganado. También hay que invertir en bueyes -una parada con cuatro puede ascender a 3.600 euros- y varios caballos, con alguno destinado a picar -suelen costar más de 3.000 euros por cabeza-. A ello hay que sumar maquinaria agrícola, algún tractor y al menos un vehículo adecuado para recorrer la dehesa.

La sanidad, hoy en día, se ha convertido en uno de los capítulos esenciales y más costosos para los ganaderos de lidia, en la que tienen que invertir un promedio de unos 3.000 euros anuales. A cambio, los ganaderos de bravo reciben de la Unión Europea una subvención de 360 euros anuales por cada vaca nodriza.

El nuevo propietario también debe hacerse con un hierro -con el que se marca a las reses, es parte del DNI del toro y cuyo coste varía en función de su prestigio, antigüedad y la asociación a la que está inscrito-, lo que oscila entre 1.000 y 90.000 euros.

Existen cuatro asociaciones ganaderas (Unión de Criadores de Toros de Lidia, Asociación de Ganaderías de Lidia, Agrupación de Ganaderías de Lidia y Ganaderos de Lidia).

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