"No cumplí mi sueño: ser mejor torero"

  • 3 El maestro salmantino afirma que la salida a hombros en su doctorado con Gregorio Sánchez y Puerta le motivó para el resto de su carrera

Coronado por una cabellera nívea, llega con un andar pausado, preludio de una conversación marcada por el temple, ese misterio que en la plaza lo supo decir como muy pocos. El tiempo se detiene ante su seriedad grave. El 13 de mayo se cumple medio siglo de su alternativa. Su voz sueña a campana recia de la recia Castilla. Habla Su MajestadEl Viti.

-Santiago, ¿qué supone cumplir estas bodas de oro con la profesión?

-Es algo que agradezco a Dios. Será como otro día, quizás algo más atractivo.

-¿Qué recuerdos tiene de la alternativa?

-Lo más importante es que salimos los tres toreros a hombros. Gregorio Sánchez, mi padrino, y Diego Puerta, que fue el testigo, y yo. Eso me marcó y me motivó para el resto de mi carrera. Gracias a Dios estamos los tres vivos, aquí, para contarlo.

-¿A quién se le ocurrió apodarle El Viti, abreviatura de Vitigudino, su pueblo?

-Fue un íntimo amigo de la familia, de gran calidad humana e intelectual, que era una especie de pontífique cada vez que hablaba. Era maestro. Se llamaba Manuel Moreno Blanco. Lo hizo como una especie de ruego y mando: "¡Como vas a ser muy importante, llevarás el nombre de tu pueblo a gala!". Entonces yo, que era un chaval, cuando escuché eso, me quedé petrificado. Me había cargado con una responsabilidad tremenda para toda mi vida.

-Ya de profesional, sus iniciales, S. y M., Santiago Martín, las emplean para denominarle Su Majestad ¿Quién le bautizó así?

-Fue Delfín Val El Clarinero, un crítico de Salamanca. Lo de Su Majestad El Viti se popularizó a raíz de mi alternativa y creo que la primera vez que lo escribió fue cuando debuté en Madrid como novillero.

-¿En una carrera tan dilatada, se retiró y retornó ¿Qué motiva a una figura del toreo a hacerlo?

-El físico se nota. Torear en España y en América tantos años seguidos te machaca. Y tuve que tomarme ese descanso para poder meditar y reflexionar con el fin de evolucionar.

-¿Cómo vivió el día de su retirada definitiva?

-Llevaba dos años pensándolo. Fue un día muy aciago. Todo lo contrario de la alternativa. Supuso una lección de humildad. Fue el 17 de septiembre de 1979, en Valladolid.

-Desde entonces, ¿qué sensaciones ha echado en falta?

-Nada. Porque ya años antes no estaba preparado mentalmente.

-¿Por qué ya desde niño el pequeño Santiago quiere ser torero?

-Porque me crié en un lugar donde el ambiente tenía que ver con lo que fue mi profesión. Había ganado y fiestas en todos los pueblos con toros. Y de niño, en el día a día, jugaba al toro. También al frontón y al fútbol. Además, en el taller de mi padre -Baltasar-, donde se hacían carros para las labores del campo, nos fabricábamos con palos las banderillas; también cornamentas simuladas. Ésa era mi vida. Eso y estudiar. Luego, toreé en alguna capea. Y en el 55, en Vitigudino, ya toreé y maté una vaca embolada morucha, de Pepe Martín.

-¿Cómo fue la experiencia?

-Como torero no sabía ni cómo ponerme. Todavía hay paisanos que me dicen que estuve sensacional ¡Qué ciego es el amor! Si hubiera una película de aquel día y la vieramos yo me moriría asustado, de cómo lo hice.

-Usted tiene la marca de más salidas a hombros en Madrid ¿Por qué tardó tanto en entrar en Sevilla?

-Es que no me ocurrió en Sevilla. Me ocurrió en Málaga, la primera vez que fui. En Barcelona, Ledesma, Salamanca y hasta en mi pueblo, en una novillada en mano a mano con Antonio de Jesús y el rejoneador Rafael Peralta. Una novillada de desastre para mí. Y volví a empezar otra vez. En Sevilla, como en todos esos sitios, no entraba porque no era capaz de transmitir para que el público luego me lo cantara. Pero tenía esperanza y lo conseguí.

-¿Cómo se vive esa comunión con el público?

-Estás unido por un hilo al toro. No estás en el mundo.

-¿Hasta qué punto es verdad que el percance en Ceret, con fractura de su codo izquierdo, influye para que toree mejor con la izquierda?

-Hay algo de realidad. El toro me había triturado el codo y el húmero. Me volví zocato, zurdo, porque me obsesioné en que el brazo me sirviera. Los cirujanos creían que me salvaban el brazo, pero que no podría volver a torear. No me resigné a ello y me entregué hasta el punto de que me olvidé del brazo derecho.

-Hasta tal punto que ha sido uno de los reyes del temple en la historia de la tauromaquia ¿Qué es el temple?

-Es algo innato. No todo el mundo tiene esa virtud.

-¿Cuál fue su mejor faena?

-Nunca he podido encontrar ni una, ni cuatro, ni siquiera media faena. He sido inconformista y cruel conmigo mismo en mi profesión. Por la noche no conciliaba el sueño. Me pasaba mentalmente la película de la faena que había hecho y veía que lo que había conseguido no era para mí suficiente.

-¿Aunque hubiera triunfado?

-Daba gracias a Dios porque el público había quedado conforme. Pero eso no daba lugar para quedarme satisfecho.

-Santiago, ¿qué es el valor?

-La inteligencia, que es fundamental para el toreo y la vida.

-¿Y el miedo?

-El sentido de la responsabilidad.

-¿Qué componente esencial artístico tiene el toreo?

-La personalidad.

-El peor fracaso para un torero.

-Ser infiel a sí mismo.

-Ante un compromiso fuerte, ¿llegaba a pensar en la muerte?

-No. Estaba responsabilizado en lo que tenía que hacer y no me daba tiempo a pensar en la muerte.

-¿Por qué cerró su etapa de ganadero?

-Se me acabó la capacidad de aguante. Tengo la ilusión de lo que está consiguiendo mi paisano Capea. La vida da más cornadas que la profesión de torero. Y el problema era económico.

-¿Es un negocio ruinoso?

-Nunca ha sido negocio, aunque han existido excepciones.

-Como torero, ¿le quedó algún sueño por cumplir?

-Muchas cosas.

-¿En concreto?

-Ser mejor torero. Todavía lo sueño. Ya no puedo.

-¿Y de aquel chaval que empieza a soñar con ser torero?

-Todavía tengo ilusión. Todavía sueño con torear, hasta cuando estoy despierto. Pero las limitaciones del hombre cuerdo me lo prohíben. Y espero seguir cuerdo, no dejarme llevar por la vanidad. Hay que evitar hacer el rídiculo. A mis 72 años... El toreo tiene que ser en plenitud de facultades. La fruta tiene su caducidad.

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