La injusta soledad de un gran torero

  • Los ecos de un festejo en Ayamonte desvelan el gran momento de un profesional cabal como es Víctor Puerto l Javier García Baquero se estrena hoy como pregonero taurino de la feria valverdeña

SUELEN pasar raudas las crónicas de un instante a otro. El verano de agosto nos lleva aún más rápido, si puede ello ser, a quienes escribimos de toros para quienes nos leen.

Esa rapidez de las que les hablo no debe hacer desaparecer del horizonte la crónica de un fin de semana repartido entre la costa y la serranía onubense. Sería injusto no hablar, aunque fuese a toro pasado, sin pausas donde contar orejas o faenas porfionas, para hablar de que hubo toros, con el esfuerzo que ello conlleva para quien arriesga su bolsillo y su honor, entre Ayamonte y Almonaster. Eso nunca dejará de ser noticia, y aún más, es puramente noticia no desaparecer de un calendario provincial donde, tal y como están las cosas, cuesta trabajo estar en lides empresariales.

Sabido ya el buen éxito por el que discurrieron los rejoneadores y el ganado de El Juli en Almonaster,queda acercarse al festejo de Ayamonte por dos razones principales. Una, la novedad que supone que en plenas calendas de agosto, la empresa Tauroluz haya apostado por salirse de la uniformidad y haya apostado de verdad por una plaza que merece al menos un poco de más cariño del que hasta ahora le han dado los intereses espurios de mercaderes montajistas que al tiempo jugaron con las ilusiones de una excelente afición como la ayamontina y al tiempo jugaron con el historial de un coso por donde pasaron nombres importantes del toreo de todas las épocas.

Me alegra sinceramente ver la apuesta de dos hombres del toro onubense como son Jesús Medrano y Guillermo García-Palacios. Me alegra porque espero mucho de ella y porque confío en que las cosas salgan razonablemente bien como para volver a sembrar las esperanzas necesarias como para que los aficionados vuelvan a sentarse en masa en ese tendido.

La noche, esa que oculta tantas cosas, dejó sin embargo al descubierto una de las grandes vergüenzas de nuestra Fiesta.

No, no se crean que me refiero a la actuación desafinada de algún que otro torero sin gracia, oficio ni valor.

Una de las grandes vergüenzas de esta Fiesta nuestra es que un torerazo como Víctor Puerto tenga que andar esa larga travesía de silencio y desinterés de los taurinos por él.

Una vergüenza es que esta Fiesta nuestra no guarde ni siquiera un puesto de honor para que profesionales de la talla del manchego anden por la profesión de la manera mas ingrata que hay: en el olvido.

La lección de torería y oficio de Puerto en plena noche ayamontina no pasa ni tan siquiera por esas cuatro orejas o la impronta de dos inmensas faenas a la luz de la luna.

Habla poco el torero. Jamás le he oído quejarse de nada y aun cuando pasan cosas graves, Puerto sigue sonriendo a un destino que no termina de hacerle la plena justicia que merece dentro de un escalafón plagado de torerillos guapitos con furgonetas nuevas.

Lo de Puerto es de torero serio, honrado y profesional. Por eso sabe mal verlo, no como amigo, sino como torero que se la juega sin remilgos, andar tan solo por esta Fiesta nuestra de cada día.

Es mentira eso de que el toro pone a cada uno en su sitio. Es mentira porque los taurinos han escondido tanto al toro que ya cuesta verlo en su plenitud de casta y poderío.

A la Fiesta tan solo le quedan taurinos tecnócratas. Esos de los que echan más números que valentía a la hora de apostar por un espectáculo que arrincona a toreros tan grandes y tan capaces como Puerto. ¡Después dicen que esto está mal!...¿Para quien?

No me quiero dejar en el esportón el deseo de triunfo para un compañero que hoy debuta como pregonero en Valverde.

Javier García Baquero lo hará esta noche a partir de las 10 horas. Buen tino y mucha suerte, que ambas te van a hacer falta.

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