Dos orejas para Manzanares y buena tarde de Morante, pero sin trofeos

  • La corrida de Núñez del Cuvillo en San Sebastián tuvo movilidad pero no clase

Toros. De Núñez del Cuvillo, bien presentados, con movilidad pero sin clase. Destacaron el cuarto y el segundo, aunque se apagó pronto. TOREROS: El Tato, silencio y saludos. Morante de la Puebla, ovación con saludos y gran ovación con saludos. Manzanares, dos orejas y saludos. Incidencias. Menos de media entrada.

Manzanares ha paseado las dos orejas de su primero y Morante ha cuajado dos importantes actuaciones.

El alicantino ha firmado una faena a más con un toro con movilidad pero sin entrega de Cuvillo al que cuajó un buen saludo de capa y con el que se gustó en una faena en la que prevalecieron las ganas y buenos momentos. La disposición de Manzanares fue total con un toro que no terminó de humillar ni de entregarse. Trató de llevarlo por abajo aprovechando el viaje en una labor siempre a más, que remató de una estocada en la yema.

Tras matar a su primero, a Manzanares le dio una bajada de tensión. Mermado salió con el sexto, toro que se fue complicando y al que recibió bien de capa. Pudiendo conformarse, el alicantino arriesgó al máximo y ligó series por ambas manos. Un pinchazo precedió a una estocada.

Lo más artístico llegó con un Morante inspirado. Su primero fue un manejable toro que se vino muy pronto abajo. No llegó claro al capote y sorprendió a Morante y a los banderilleros más de una vez. Cuando el sevillano se quedó solo con él lo aprovechó en dos series de cante grande sobre la diestra, de hondura, plasticidad, temple y la muleta arrastrando. Ahí se terminó el toro y la faena.

Cuajó al quinto un gran saludo a la verónica. Morante dejó un inicio de faena de mucha personalidad, profundidad y arrebato. Las primeras series fueron redondas, obligando al toro y pasándoselo muy cerca, pero el de Cuvillo comenzó a defenderse y frenar y Morante tuvo que tirar de recursos, personalidad, inspiración y remates para mantener la faena. El palco no concedió la oreja que la plaza pidió con justicia.

El primero de El Tato no se entregó nunca. Lo pasó por ambos pitones, aunque la faena no resultó limpia dado que el animal siempre derrotaba. El cuarto se movió mucho y el aragonés puso voluntad y disposición en una irregular faena en la que destacó con la diestra.

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